
Médicos, sacerdotes y pastores

Sacerdotes y médicos, antaño pilares de la sociedad, hoy enfrentan cuestionamientos éticos. El afán de lucro y la prepotencia contrastan con su misión de salvar almas y vidas.
Por Édgar Arrieta González El sacerdocio y la medicina a través de la historia de la humanidad nacieron el uno para salvar almas y el otro para salvar vidas. Infortunadamente hoy día muchos de los que practican estos quehaceres han tomado sus principios éticos y profesionales para ser negociantes de su oficio. Ejemplo de ello: encontramos a muchos sacerdotes y sus jerarcas incluyendo a pastores de las diferentes tendencias religiosas que han tomado esta sagrada labor como negocio, es decir, predicar el Cristianismo les representa jugosas ganancias, por lo que se dan la gran vida: costosos automóviles, viviendas de lujo, en fin un sinnúmero de vanidades que se vanaglorian tener. “Toda la iglesia está en crisis”, dijo el papa Francisco. De los médicos (no todos) se caracterizan por tener igual comportamiento, con la particularidad de que son prepotentes y déspotas, a sus pacientes los miran por encima de sus hombros (a muchos afiliados a entidades de salud: pensionados y usuarios en general), cuando los atienden, practicando un comportamiento grotesco hacia ellos. Muchos padres de familia les inculcan a sus hijos el estudio por la medicina ya que con esta asegurarían una posición social y económica envidiable, pues, las demás profesiones están a una distancia muy lejana de ella. Se nos hace nostálgico en nuestro pueblo recordar a médicos generales que conocían todo y ponían en práctica su saber ya que eran estudiosos dedicados al cuidado de la salud humana. Fueron médicos educados en su comportamiento, humildes y serviciales. Ejemplo: doctores Salín Isaacs Montes, Rafael Uribe López, Rafael Montes Ruíz, Esteban Urueta Salón, Manuel Esqueda Benítez y tantos más de la época. Sacerdotes y médicos, sus profesiones, les repito, son para salvar almas y vidas, estos son postulados de Cristo, los cuales deben tratar de cumplir y abandonar tanta vanidad y prepotencia. Sería bueno (sugerencia respetuosa) los médicos de vez en cuando leer el juramento Hipocrático, si es que lo hicieron, y traten de poner en práctica lo allí escrito, así como también los sacerdotes llenarse espiritualmente y ser activos cumpliendo los postulados del hombre más grande que ha tenido la historia: Jesucristo, que de paso se los recuerdo: amar al prójimo, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento y vestir al desnudo. Háganse un examen de conciencia y saquen conclusiones. ¿Si los cumplen? Itero, no todos los médicos, pastores y sacerdotes tienen estos comportamientos de mucho que desear. Aferrémonos a Cristo y sigamos adelante. Dios nos oiga. Amén.