
Médico y Literato

A principios del siglo XX, el médico y literato Salomón J. Bitar llegó a Sincelejo. Su obra, influenciada por la pasión griega, destacó en poesía y filosofía.
Por: Aníbal Paternina Padilla A principios del siglo XX llegó a Sincelejo Salomón J. Bitar un médico eminente y literato que traía en la sangre el ardor de las pasiones griegas. La poesía y la filosofía le hablaban por boca de Homero y de Platón, y la ciencia por boca de Hipócrates. La miel de Himeneto era en sus labios dulzura de ritmos y las fuentes de Hipócrene sonoridad en su alma. El doctor Bitar hizo sus estudios profesionales en Beirut, Líbano y los perfeccionó en Estados Unidos de Norteamérica. Hablaba varios idiomas con mucha facilidad, lo cual le permitió el conocimiento científico y literario de muchos países en la lengua de cada uno de ellos, esto indudablemente enriqueció su espíritu y elegantizó su personalidad intelectual. Aquí no hablaremos ahora del científico que había en el doctor Salomón J Bitar sino del poeta, del escritor, del artista. Porque poeta, escritor y artista fue ese consagrado cultivador de la belleza, de esa belleza que es más que la ciencia, porque es la verdad iluminada de lo increado, de lo absoluto, absorto. Poeta a la manera griega, su yo lírico, su yo creador, llevaba clámide flamante, lira septicarde y gustaba del encanto y la sombra de los viñedos frutecidos. El doctor Bitar escribió no en verso sino en prosa riimada, en prosa musical. Cada una de sus páginas es un poema completo de emoción y de ideas; se destacan de su brillante inteligencia “mujer, música y cervezas” que es una bella página antológica. Tiene algo de Omar Kayyán, algo de la antigua poesía de los persas y de la voluptuosa poesía de los árabes, y en grado superlativo, toda la fastuosidad pagana de aquellos primeros poetas de la Grecia inmortal. “La muerte de Ciene” es otra de sus páginas admirables. Entre los trabajos filosóficos, críticos e históricos de este intelectual merecen destacarse: “Vivir la vida” “Si y no” Originalidad e imitación” y el Turco, este último es de gran sutileza y erudición. Tal vez si la muerte, o mejor dicho, la adversidad no destroza al golpe de una bala asesina la flor de su vida, el doctor Salomón J. Bitar hubiera dado a las letras colombianas una más extensa, más densa y más plena de talento. Pero, (valga la cursilería de la frase) todo está escrito y determinado desde el comienzo, sin principio de los siglos. Sin duda alguna, el doctor Salomón J. Bitar ocupa eternamente virtuoso sitial de honor en la iluminada galería intelectual, reservada para los grandes hombres Inmortales de la bella historia sincelejana.