
Más de lo mismo no

Es de conocimiento público, que las finanzas nacionales están quebradas y que ni siquiera se puede decir que la olla está raspada, pues ya casi ni la olla existe. Eso lo certifican prestigiosos organismos internacionales y lo corroboran las agencias calificadoras que cada vez le dan a Colombia una calificación más baja en el aspecto fiscal. Naturalmente, eso se veía venir tras el gasto desbordado del Gobierno Petro en burocracia ociosa y la gastadera de plata con el objeto de conseguir que el candidato del Pacto Histórico gane las elecciones presidenciales
Es de conocimiento público, que las finanzas nacionales están quebradas y que ni siquiera se puede decir que la olla está raspada, pues ya casi ni la olla existe. Eso lo certifican prestigiosos organismos internacionales y lo corroboran las agencias calificadoras que cada vez le dan a Colombia una calificación más baja en el aspecto fiscal. Naturalmente, eso se veía venir tras el gasto desbordado del Gobierno Petro en burocracia ociosa y la gastadera de plata con el objeto de conseguir que el candidato del Pacto Histórico gane las elecciones presidenciales. Para nadie es un secreto que el jefe de debate de su campaña es el presidente Petro, quien ha puesto al servicio de su causa toda la maquinaria y los recursos del Estado para obtener el objetivo. Y Petro hace todo esto porque para él no hay ley ni Constitución ni jareta alguna que se lo impida, pues su juez natural, la Comisión de Acusaciones de la Cámara, es una instancia que él la tiene en el bolsillo a través de toda clase de prebendas y canonjías que le ha entregado y le sigue suministrando a sus integrantes. De manera que no hay razones para creer que el Gobierno Nacional presidirá unos comicios en forma imparcial y transparente. Por el contrario, lo que se insinúa en el horizonte, a medida que se acercan las elecciones, es una participación cada vez más descarada del presidente de la República, sus ministros y todo el andamiaje administrativo nacional en favor de la candidatura del continuismo. Lo único que hay que hacer entonces es apelar a la conciencia ciudadana y a una reflexiva decisión que mire con responsabilidad y patriotismo el devenir del país, para buscar que nuestra Nación no siga en el barrial y la ignominia en que lo sumió el actual mandato presidencial que si Dios quiere tiene que concluir el próximo 7 de agosto, cuando cese la horrible noche, como dice en una de sus estrofas nuestro himno patrio. Ya lo dijimos en otro artículo, la obligación entonces de todo colombiano de bien es consignar en las urnas el próximo 31 de mayo un voto reflexivo encaminado a proteger nuestra democracia y a buscar un mejor destino para Colombia y no volver a tener al frente de sus destinos más de lo mismo, o quizás peor.