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Opinión

Más argumentos

Ismael Guerra de la Ossa
Ismael Guerra de la Ossa
Columnista
20 de enero de 2025

La izquierda colombiana, con Petro a la cabeza, valida el régimen de Maduro, un acto que contradice su supuesta defensa de la democracia, según el autor. Unos 500 ciudadanos protestan.

Por Ismael Guerra de la Ossa En mi artículo del pasado lunes, 6 de enero, titulado “Sin banderas”, me referí al caso de que la izquierda en nuestro país quedó sin argumentos políticos para las próximas elecciones en razón de que los que enarbolaba ya no podrá seguir utilizándolos pues quedaron desvirtuados a fuerza de las dinámicas de los hechos. Pues bien, a los que enumeré detalladamente en el mencionado artículo ahora se agrega otro: el de pretender erigirse los izquierdosos como paladines y defensores insomnes de los principios democráticos. Resulta que tras la posesión del dictador Maduro en Venezuela quedó claramente comprobado que a la izquierda en Colombia le fascina los regímenes dictatoriales, tiranos y “pisoteadores” de la voluntad popular. Es que no de otra manera se explica que el presidente Petro, líder y jefe indiscutible de la izquierda radical en nuestro país, haya convalidado y considerado como legítimo un mandato como el de Maduro, fruto del más asqueroso fraude de que se tenga noticia en la historia político-electoral continental y universal. En efecto, eso fue lo que se tipificó el pasado viernes 10 de enero cuando Petro ungió al embajador de Colombia en Venezuela, Milton Rengifo, como su representante legal en el acto de posesión de Maduro, un dictador que se erigió como mandatario venezolano a través del fraude y desconocimiento de todos los principios sobre los cuales se edifica el sistema democrático. Pero el hecho no solo tiene connotaciones gubernamentales petristas. Si así fuese, vaya y venga porque el baldón únicamente sería para el Gobierno Petro y solo sobre él recaería el desprestigio y la ignominia que significa prestarse para contribuir a legitimar a un régimen signado por un asqueroso y maloliente robo electoral. Sin embargo, lo grave es que la afrenta y el oprobio causado por esta decisión de Petro también recae sobre todos los colombianos pues no olvidemos que el presidente representa a todo el país. Por eso, no podemos dejar que este episodio nefasto y vituperable, desde todo punto de vista, pase inadvertido, desapercibido, como si nada hubiese ocurrido ante la faz nacional. De ahí que más de 500 personalidades de Colombia, de todos los estamentos sociales, económicos y políticos, hayan advertido al presidente Petro de la gravedad del asunto. Pero este, prepotente y autoritario, como siempre, desestimó, olímpicamente, el llamado de tales personalidades.