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Opinión

Más allá de la moda

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
21 de abril de 2024

La vestimenta comunica mensajes sobre nosotros. La Biblia establece parámetros sobre cómo vestir con modestia y pudor, valores en contraste con las modas actuales.

Por: Selma Samur de Heenan Por la manera en que usualmente una persona cubre su cuerpo, podemos hacernos la idea de que al vestirse, aun sin pretenderlo, está enviando mensajes sobre sí misma. En la Palabra de Dios, se establecen parámetros al respecto en más de setenta citas bíblicas, de las cuales traigo tres. Génesis 3,21 “Y el Señor Dios hizo vestiduras de piel para Adán y su mujer, y los vistió”. Deuteronomio 22,5 "La mujer no llevará ropa de hombre ni el hombre se pondrá vestidos de mujer, porque el que hace esto es una abominación para Yahveh tu Dios." I Timoteo 2,9 “Así mismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia” La Virgen María en Fátima, nos advirtió que vendrían tiempos con modas que desagradarían mucho a Nuestro Señor. Por razones que resultan evidentes para todos, considero que desde hace un par de décadas llegamos a esos tiempos. La conveniencia o no, de estar a la moda, requiere filtros con parámetros específicos para tener en cuenta, porque sentirse al día con lo que se usa, debería pasar a un segundo plano, si nos conduce a trastocar los valores de la moral cristiana que nos invitan al pudor y la modestia en el vestir. Escotes, transparencias, ceñimientos, dejar al descubierto las piernas, la espalda, parece ser el común denominador de la época, pero no por eso es la mejor opción o lo éticamente correcto. Hoy es bastante común ver a mujeres muy adultas vestidas como niñas, y a estas como aquellas. Hombres con atuendos de mujeres, y ellas con prendas varoniles, simulando que todo está derecho cuando en realidad todo está al revés. Este asunto debe ser más riguroso tratándose de personas al servicio de Dios, porque requieren cuidar con mayor severidad su apariencia y el mensaje que trasmiten con su presencia. Encontrar a mujeres temerosas de Dios, vestidas y maquilladas ostentosamente o de manera inadecuada, produce mucha más tristeza porque es bien clara la advertencia de que, a quien más se le da, más se le exige. El hábito no hace al monje, pero si lo identifica y protege. Por eso no se debe prescindir de aquel que ha sido parte de la vocación de quien lo lleva puesto, si, además representa la dignidad del oficio sagrado.