
Manifestaciones y señales

Jesús, con su poder, sanó a un sordo mudo. Hoy, la fe y la santidad permiten milagros. Conoce los dones divinos en vida y después de la muerte.
Por: Selma Samur de Heenan Cuenta la historia sagrada que, en cierta ocasión, le presentaron a Jesús a un sordo mudo y le pidieron que lo sanara imponiéndole sus manos. Jesús hizo lo que no se esperaban y metió sus dedos en los oídos del hombre, y además, con su saliva, le tocó la lengua, al tiempo que levantaba los ojos al cielo y decía: «Effatá», que significa: «¡Ábrete!». Al instante, se abrieron sus oídos, se soltó la atadura de la lengua y empezó a hablar como si hacerlo fuera su costumbre. Todos los que estaban presentes se hicieron testigos del poder de aquel a quien unos seguían y otros perseguían. Hoy, como ayer, tenemos manifestaciones y señales que nos dan testimonio de la magnificencia del poder natural y sobrenatural del Altísimo. Se trata de signos especiales que ÉL puede impregnar en algunas almas que han dado su plena conformidad a la Voluntad Divina. Esta posibilidad también fue una promesa hecha por el hijo de Dios, que anunció a sus discípulos y a quienes le seguían, que si tenían fe podrían hacer cosas aún mayores de las que veían que él hacía. Y sabemos que se trató de todo tipo de obras, como por ejemplo: nacer de una virgen; sanar todo tipo de dolencias y enfermedades del cuerpo y del espíritu; resucitar a los muertos; transfigurarse resplandecientemente; conocer los pensamientos de las personas y saber el futuro; desaparecer de entre un gentío; multiplicar la comida y el vino; expulsar demonios; ayunar prolongadamente sin comer ni beber; dar órdenes y ser obedecido por la naturaleza y los animales; soportar dolores que humanamente son imposibles de resistir con vida; resucitar de entre los muertos, y ascender al Cielo. Con fe y santidad, es posible realizar, en nombre de Jesús, todo tipo de milagros y prodigios. Pero, por otra parte, algunas personas han recibido regalos del Cielo, que se pueden presentar, bien sea estando en vivas o después de su muerte. En vida terrenal se conocen principalmente estas facultades: la Iluminación de conciencia, la levitación, don de ciencia y de profecía, alma víctima, identificación y conocimiento de lo santo, la inedia, la bilocación, los estigmas y la participación en los dolores del crucificado. Y después de que la persona ha fallecido, se pueden presentar estos inexplicables sucesos: cuerpo incorrupto, osmogenesia, flexibilidad muscular, la sangre fresca, aparición de luces, presencia del alma, milagros de intercesión. Con el favor de Dios, de todos estos fenómenos haré una explicación en la próxima columna.