
Los tiempos de la cometa

En agosto, a pesar del cambio climático, la tradición de elevar cometas persiste. Un testimonio nostálgico revive recuerdos de infancia y la magia de este juego.
Por Raymond E. Gomescásseres Ya estamos a mediado de agosto, el mes más anhelado por los amantes de los barriletes, de las cometas, y el cambio climático o el fenómeno de la niña, no han permitido que como en el ayer, aparezcan esas tardes primaverales con brisas ideales para elevar este surtidor de sueños infantiles. Aunque ha habido algunos aguaceros, San Pedro como que es aficionado también de esta tradición y ha permitido algunas tardes con sol. El 15 de agosto subí al techo elevado de mi casa y me sorprendí al observar en un sector del cielo sincelejano algunos barriletes que me hicieron recordar las tardes de agosto de mi infancia y que me informaron que esta tradición se niega a morir. Esta tradición la inmortalizó el compositor Freddy Molina Daza en su canción “Los tiempos de la Cometa” en donde mostró todo su talento al añorar las cosas hermosas vividas en su tierra, Patillal, durante su infancia y juventud : / No volverán / los tiempos de la cometa / cuando yo niño / brisas pedí a San Lorenzo / mariposa en la Malena / sus casimbas son recuerdos / el profesor que me pega / por llegar tarde al colegio /… Me imagino que Freddy voló sus cometas en los playones de Patillal, corregimiento de Valledupar, y nosotros, los niños del barrio Chacurí, elevábamos los barriletes en los techos de las casas de los Gomes-Cásseres, de las Vitola Almario, de los Montoya, en donde numerosos niños nos reuníamos para elevar ese surtidor de sueños desafiando el peligro y la preocupación de nuestros padres. Apenas llegaba Agosto comprábamos los barriletes en la calle de El Bolsillo, en donde Eligio Oviedo (q.e.p.d.) y su familia los tenían fabricados con toda clase de adornos. Luego le poníamos los hilos y la cola y a esperar que la tarde pintara primaveral y viniera con brisas para elevarlos. Ya con un ramillete de cometas en el cielo la preocupación era que otra nos la cortara y se fuera de liga pues había algunos mal intencionados que le ponían una cuchilla amarrada a un palito en la cola y si esto sucedía corríamos a buscarla varias cuadras abajo. Al descubrir donde había caído se formaba una trifulca para apoderarse del barrilete y del hilo. Tradición hermosa que el cambio climático está acabando. Y es una lástima porque en ese barrilete siempre han volado nuestros deseos de conocer el espacio, como lo expresó Franky Fernández Tribiño : “Es hoy cuando más recuerdo que existo y ahora mucho más por ser guiado al igual que el artista por un ser maravilloso que con “martillo y fuego” hace de mí uno de los pocos afortunados de haber conocido el sol, la luna y las estrellas con un rollo de pita y un barrilete en mis manos”.