
Los muchos paraísos que ha perdido el hombre

Todo fue creado con doble posibilidad. Las cosas pueden ser útiles o no. Se puede ganar o perder.
Por Olga Lucia Bustamante Madrid ¿Cuáles serían esos paraísos? Todo fue creado con doble posibilidad. Las cosas pueden ser útiles o no. Se puede ganar o perder. Nos movemos entre alegrías y tristezas. De lo pequeño nace lo grande, de la unión de dos células inteligentes en sí mismas, nace una vida valiosa y digna…Y ¿Qué hacemos con ella? Se han perdido los cuentos de los abuelos, aquellas reuniones familiares donde se conocía la historia de los ancestros, sus esfuerzos, triunfos y derrotas. La unión que nace alrededor de la mesa quedó eliminada cuando se le dio prioridad a lo virtual y fue imposible desconectarse para poder compartir lo que vivimos en el día a día. Las carcajadas desaparecieron cuando cada uno se encerró en su cuarto con sus tareas o distracciones. La amistad que nace en torno a una simple conversación, en un compartir desprevenido y relajado, se quedó enredada en protocolos y miramientos. La familia compuesta por papá, mamá, hijos, abuelos, tíos y primos tiende a desaparecer cuando ya no es prioridad procrear, sino tener mascotas. La seguridad afectiva entró en proceso de extinción, cuando se dejó de construir hogar, de nutrir el compromiso de crecer a través del amor y las luchas diarias. El menoscabo de la inocencia y de lo simple, produce la nostalgia de la sencillez, ante un panorama tan incierto. Es la pérdida de un paraíso mental y emocional. Es la fuerza de mundo individualista digitalizado, que acabó con la interactuar cara a cara, donde el gesto cuenta, donde el sentimiento se manifiesta mostrando la grandeza o pequeñez de nuestro interlocutor. Cada vez son más débiles los lazos afectivos. El sentido de pertenecía se esfumó. El paraíso de una naturaleza autónoma y maestra quedó relegado a imágenes manipuladas. Los niños no corren por el campo, no ven crecer la semilla, no se enteran de donde se obtienen los alimentos. Grandes pérdidas ecológicas, culturales, sociales y emocionales, remplazadas con pensamientos utilitaristas. Vale lo que produce más dinero: Un jugador de futbol. Un cultivo manipulado genéticamente para producir más, aunque alimente menos. Se esfuma el ideal de un progreso humanizado. El ser social con alma, está siendo sustituido por un ser robotizado, que poco a poco pierde su esencia. ¿Estaré exagerando?… o ¿Es la realidad virtual la que nos arrastra a un camino del que no conocemos su final?