
Los juegos del amor: ¿Por qué nos cuesta decir lo que sentimos?

La mayoría de las relaciones se basan en emitir una conducta a partir de lo que inferimos en la conducta del otro, por ejemplo, si la otra persona pasa un día hablando menos que de costumbre, podemos inferir que está molesta o que ha dejado de amarnos y empezamos a tratarla con indiferencia por aquello de que "así como me tratas te trato". Es así como en las relaciones se van estableciendo juegos; respuestas ante la conducta aparente atravesadas por el vacío de las palabras que no se dicen.
La mayoría de las relaciones se basan en emitir una conducta a partir de lo que inferimos en la conducta del otro, por ejemplo, si la otra persona pasa un día hablando menos que de costumbre, podemos inferir que está molesta o que ha dejado de amarnos y empezamos a tratarla con indiferencia por aquello de que "así como me tratas te trato". Es así como en las relaciones se van estableciendo juegos; respuestas ante la conducta aparente atravesadas por el vacío de las palabras que no se dicen. En la teoría del análisis transaccional, se habla de "los juegos en que participamos", como un modo de explicar estas interacciones que muchas veces se activan desde una posición infantilizada llamada Yo Niño, ese yo inmaduro evita expresar las cosas porque se siente vulnerable, "si expongo lo que digo se aprovecharán de mí" "no puedo mostrar mis cartas" A veces no sabemos cómo pedir algo que necesitamos, por ejemplo, puede que nos sintamos poco atendidos y en lugar de expresarlo inconsciente o conscientemente recurrimos a un papel que puede ser el de estar enfermos para lograr esa atención. En medio de los juegos las relaciones se van quebrando porque adivinar de forma constante las necesidades del otro es agotador. Desde una perspectiva madura que estaría configurada por la presencia del Yo adulto, las necesidades, ideas, creencias, sospechas, impresiones se expresan. Si alguien sube un estado en sus redes este inmediatamente será interpretado por ejemplo por la pareja y si ese estado moviliza alguna emoción o se siente como una indirecta se abren dos caminos, actuar desde el yo niño quedándote con la duda y actuando con base en tú interpretación o actuar desde el yo adulto y de forma asertiva invitar a la pareja a conversar sobre lo percibido. Hablar con sinceridad, con transparencia, mostrarnos frágiles, sentir que podemos ser escuchados y entendidos son la base para establecer una relación sana, toda relación duradera requiere de una gran dosis de intimidad y para llegar a esta es necesario atravesar un puente construido con palabras. Todo aquello que no se dice por miedo o vergüenza termina convirtiéndose en una guerra silenciosa, ya que muchos comportamientos pueden percibirse como una amenaza.