
Los dogmas sobre la creación del mundo

Explora los dogmas sobre la creación divina. Desde la creación "ex nihilo" hasta el pecado original y la necesidad de la redención a través de Jesucristo.
Por Selma Samur de Heenan La semana pasada miramos los nueve dogmas que se basan en los siete sacramentos. Hoy revisaremos los que corresponden a la creación del mundo y del ser humano. 1- Todo lo que existe fue creado por Dios a partir de la Nada. Este todo incluye al hombre y al mundo con lo que en él se encuentra contenido. En la oración del credo reconocemos que Dios Padre es el creador del Cielo y de la Tierra, de todo lo visible e invisible. Si realmente creyéramos en esto no existirían mayores preocupaciones, porque así nuestra vida adquiere un sentido maravilloso, al saber que tenemos por Padre al dueño del poder supremo. 2- El mundo tiene carácter temporal, toda vez que tuvo un principio en el tiempo. Así se desprende de la afirmación que hace Jesús al decir: "Ahora, Tú, Padre, glorifícame cerca de Ti mismo con la gloria que tuve cerca de Ti, antes que el mundo existiera." Es decir, hubo un antes y un después enmarcado en un lapso. 3- Es facultad de Dios conservar al mundo. Conocemos que todas las cosas existentes, subsisten por la voluntad de su creador. Santo Tomás de Aquino, define la conservación del mundo como la continuación de la acción creadora de Dios. 4- El hombre está formado por cuerpo material y alma espiritual. Somos la creación perfecta y más compleja de todas. Nuestra materia es una parte muy importante del ser humano, pero no la que más. Esta afirmación se sostiene porque el alma es eterna mientras que el cuerpo no. El alma es la fuerza espiritual que debe gobernar sobre la carne; es la depositaria de lo más valioso que tenemos: los sentimientos, las virtudes y todo aquello que es imperceptible a los ojos. 5- El pecado de Adán y Eva se propaga todos sus descendientes por generación, no por imitación. Nacemos con el pecado original, no lo adquirimos con actos propios. Se trata de una herencia inevitable que se borra por los méritos de la redención de Cristo, los cuales se aplican ordinariamente tanto a los adultos como a los niños por medio del sacramento del bautismo. 6- El hombre caído no puede redimirse a sí mismo. Por eso, se hizo necesaria la mediación de Jesucristo, para que nos abriera la oportunidad de ganarnos un puesto en el Cielo.