
Los dogmas

Los dogmas son verdades de fe incuestionables para la Iglesia. Se resumen los cuatro dogmas marianos: maternidad divina, Inmaculada Concepción, virginidad perpetua y Asunción.
Por: Selma Samur de Heenan Un dogma es una verdad de fe que se considera absoluta, definitiva, infalible, irrevocable e incuestionable. Este conocimiento, primero es revelado por Dios y después proclamado oficialmente por la Iglesia, por lo que posteriormente ninguna autoridad eclesiástica puede derogarla, cambiarla o negarla. Hay diversos tipos de dogmas, bien sea sobre Dios Padre, Jesucristo, la Virgen María, la creación del mundo, el ser humano, el Papa y la Iglesia, los sacramentos y los llamados de las últimas cosas. El pasado 15 de agosto celebramos uno de los dogmas relacionados a la Virgen, y por ese motivo iniciamos esta columna haciendo un resumen de ellos. En las próximas miraremos a qué se refieren los demás. Los dogmas marianos actualmente aprobados son cuatro, y todos se celebran solemnemente con la santa Eucaristía. La maternidad divina: María es verdadera Madre de Dios. Fue definido por el Concilio de Éfeso en el año 431 y nos indica que al ser la Virgen madre de Jesús lo es por tanto igualmente de Dios. La inmaculada concepción: Proclamado por el Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, define que por disposición divina y en previsión a su futura santa maternidad, los padres de María la concibieron sin mancha de pecado original. La perpetua virginidad: María fue Virgen antes, durante y después del parto. La posibilidad de que el nacimiento de Jesús hubiese sido sin afectar la virginidad de María, la podemos comparar con la capacidad que él tuvo para atravesar las puertas donde se encontraban los discípulos reunidos o cuando traspasó la piedra del sepulcro. El catecismo de la Iglesia católica contempla que la profundización de la fe en la maternidad virginal, ha conducido a confesar que es cierta la virginidad real y perpetua de María, incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo lejos de disminuir la pureza de su madre, la perpetuó. La asunción: Lleva implícita un extraordinario amor entre madre e hijo, por el que ella luego de su vida terrena es elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial. Este Dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, pero sin dar ningún detalle concluyente de la manera en que se presentó, como sí los expresa la beata Ana Catalina Emmerick, que pudo tener la visión de Jesús llevando al cielo el cuerpo intacto de su santísima madre rodeado de muchas flores, allí en el lugar donde ella había estado dormida.