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Opinión

Lo que vale, cuesta

Bibiana María Guerra de los Ríos
Bibiana María Guerra de los Ríos
Columnista
16 de febrero de 2025

Febrero marca el inicio de nuevos propósitos. Tras enero, el 2025 impulsa a retomar objetivos y convertir sueños en realidad. ¡Aún hay tiempo para lograrlo!

Por Bibiana María Guerra De Los Ríos Ya estamos en febrero. Un mes del nuevo año ya se fue. Enero, ese periodo de transición en el que calentamos motores, regresamos a la realidad y nos organizamos para encarar lo que será el 2025, ya quedó atrás. Pero un nuevo año, más que un simple cambio en el calendario, nos da una sensación de borrón y cuenta nueva, una oportunidad de retomar lo que hemos pospuesto, de replantear objetivos y de convertir en realidad esos propósitos que tantas veces dejamos en el aire. Aunque ya no saludemos con el clásico "¡Feliz Año!", todavía nos queda mucho tiempo para hacer que las cosas pasen. Si bien nunca hay un momento perfecto para dar el siguiente paso, el inicio del año parece darnos un impulso adicional, una especie de empuje psicológico que nos hace sentir más capaces de comprometernos con esos cambios que soñamos. Y los propósitos son tan personales como variados: algunos quieren hacer ejercicio, leer y viajar más o mejorar su alimentación, mientras que otros enfrentan retos mentales o emocionales más profundos, que, quizás, cuestan más. Como dice el dicho, hay que celebrar hasta las pequeñas victorias porque en este mundo tan duro cada esfuerzo vale el doble. Esta vez no voy a revelar mis propósitos para este año, pero sí quiero recordar uno de hace tres años. Uno de los clásicos: “el próximo año empiezo la dieta y voy al gimnasio”. Siempre encontraba excusas: que no tengo uno cerca, que no tengo carro siempre, que me da pereza madrugar, que tengo mil cosas que hacer. Además, muchos dudaban de mí y hasta se reían, porque reconozco que durante mi etapa escolar fui bastante floja para los deportes. Sin embargo, hoy puedo decir con orgullo y, para sorpresa de muchos, que disfruto madrugar, incluso con el frío capitalino, para ir al gimnasio. No digo que no cuesta, claro que hay días en los que quisiera quedarme bajo las cobijas y esperar a que salga el sol, pero como dice otro dicho, "lo que no haces por ti, nadie lo hace". En este casi mes y medio, ya logré hacer otra cosa que tenía pendiente: jugar pádel. Desde el año pasado, con la creciente popularidad de este deporte, el tema me quedó rondando en la cabeza. En otros años también logré cumplir metas financieras, conocer nuevos lugares y tachar pendientes de ese famoso checklist de la vida. Pero siempre hay más por cumplir, porque el verdadero desafío no es completar la lista, sino seguir avanzando en ella. Soñar, planear y dar esos pequeños pasos que, aunque lentos, son seguros. Este año, en lo personal, tiene un valor especial. Como católica, el Año Jubilar, llamado "el año de la esperanza", me recuerda que el 2025 no pasará en vano. Algo dentro de mí me dice que este año traerá algo especial, una oportunidad, una enseñanza, un cambio valioso. Cierro con un último dicho que escuché hace poco y que, creo, nos aplica a todos en cualquier propósito de vida: "Lo que vale, cuesta". Y si cuesta, es porque realmente vale la pena.