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Opinión

Lo que todos sabemos

Susana Viera
Susana Viera
Columnista
30 de julio de 2023

La carrera electoral ha comenzado. Entre abrazos políticos y costosas campañas, se cuestiona la ética. ¿Cómo elegir candidatos idóneos y transformar el territorio?

Por Susana Vieira ¿Será que estamos para consideraciones morales o éticas en el preámbulo de esta lid político – territorial? El disparo de salida ya se escuchó con la repartición de avales de los distintos partidos, digamos que es como una carrera de 500 metros, y requiere resistencia. Hay muchas cosas en la dinámica electoral que todos sabemos. Como que a la gente le gusta ser abrazada por los políticos. Esta necesidad de sentir la palmada en la espalda sobre la camiseta publicitaria, aún no la ubico en la pirámide de Maslow. Según la jerarquía de las necesidades, en la base de la pirámide está la de supervivencia, seguida de la seguridad y de las sociales que anteceden a las de aprecio. Y en la cúspide, la de autorrealización. Tantas necesidades insatisfechas parecen redimirse en un efímero y programado abrazo político, tan etéreo como el paseo moto-campañista. También sabemos, y en esta etapa los candidatos lo saben más que los votantes, lo costosa que son las campañas. El marketing digital no reemplaza a la camiseta, la gorra y la tarima. Tampoco el uso de las redes disminuye los miles de millones que financian cualquier campaña de esta índole. Puede ser que para los candidatos (a pesar de los abrazos) sea indistinto quién haga parte de las listas, si lo determinante es la cifra total, compuesta por los votos y el presupuesto. Todo fríamente calculado. También sabemos que, en política no todo se logra con dinero, y no pretendo hacer ruido con un pensamiento colectivo obsesivo sobre la erradicación total de la corrupción. Eso es otro cuento. ¿Solución? Quizás logre cambiar esta realidad, la sentencia a muerte como en China, y aferrados al sagrado corazón, seguir confiando en los órganos de control y en la justicia no poética. El político impoluto en nuestro sistema electoral, político y económico es una utopía. Sencillamente, no estamos hechos para servir a pies descalzos y altruismos con jirones de piel, pero debemos exigir a nuestros candidatos mínimos perfiles académicos, conocimiento del territorio y capacidad de gestión. Me inclino por candidatos cualificados, pues considero imprescindible darle importancia a la idoneidad. ¿Qué hacemos con buenas intenciones e incompetencia? ¿Qué hacemos con gestión sin don de gente? ¿Qué hacemos con candidatos de origen popular o de cuna política, si carecen del temperamento y el carácter para gobernar? No es pretencioso aspirar a menor desidia política, y por supuesto, a mejores gobernantes. Votemos por candidatos con trayectoria, títulos, experiencia, compromiso y convicción, sin reelegir a aquellos que han demostrado su incapacidad para transformar este territorio. Lo que todos sabemos.