Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

Lo que nos espera.

Susana Viera
Susana Viera
Columnista
13 de julio de 2025

Después del 20 de julio, empiezan a aparecer los afiches, las promesas recicladas y la politiquería disfrazada de cercanía.

Por Susana Viera Después del 20 de julio, ya huele a afiche, a promesa reciclada y a politiquería disfrazada de cercanía. Inicia la siembra electoral y su cosecha se recolectará en marzo de 2026. Empieza la función: sonrisas ensayadas, abrazos en pueblos olvidados, y discursos sobre “recuperar la patria” de manos de los mismos que la han exprimido. Sacarán del clóset sus sombreros vueltiaos, sus camisas remangadas para caminar veredas que solo conocen en tiempos de campaña. Se tomarán fotos abrazando ancianos, bailarán cumbia con señoras líderes de barrio, repartirán mercados mata hambre y, con la otra mano, firmarán acuerdos bajo la mesa para sostener su maquinaria. En los próximos meses, veremos a senadores investigados volviendo a hacer campaña con total normalidad, como si los escándalos de corrupción fueran parte del perfil. Procesados, pero poderosos, esos son los candidatos. La sumisión al poder continúa prevaleciendo sobre la justicia. Un ejemplo claro, es la nueva pareja que irrumpe con rimbombancia en los dramas políticos, compuesta por un conocido convicto de nuestra costa caribe y una congresista. Estamos en la era de las redes sociales, donde los escándalos también prevalecen. Lo que nos espera... ¿lo podemos evitar? El Congreso no es un adorno institucional, es el contrapeso del Ejecutivo, el verdadero campo de batalla política. Y en 2026, lo que está en juego no es solo la continuidad o no del proyecto de Gustavo Petro. Está en juego si la democracia seguirá siendo mancillada o si empezamos a tomar decisiones con algo más que el hambre del pueblo y el hambre de poder. Nos espera más de lo mismo, como las costosas campañas políticas y sus grises fuentes de financiación, pero lo más caro sigue siendo el precio de elegir mal, el costo de no aprender nos mantiene en saldos rojos, las llamadas brechas sociales. Pero también nos espera la posibilidad de actuar. Si dejamos de votar por quienes creen que una selfie en la vereda sustituye un proyecto serio, si entendemos que el Congreso no es una finca heredada, sino una institución pública, si dejamos de aplaudir a los corruptos, quizás podamos esperar algo mejor. En medio de este paisaje político paquidérmico, hay quienes apuestan por una figura nueva en la Casa de Nariño. ¿Será una mujer la que por fin rompa el ciclo? Porque ser mujer no garantiza cambio si se gobierna con las mañas de siempre. Lo que nos espera no es misterio. Lo que nos espera es exactamente lo que permitamos. O nos indignamos de verdad o nos acomodamos al espectáculo y volvemos a votar por el que más bulla haga. El cambio es una opción, no una promesa. Y está en nuestras manos... si todavía nos queda dignidad.