
Lo hizo bien en Senado

El pasado 20 de julio terminó la legislatura que comenzó el 20 de julio del año pasado.
Por Ismael Guerra de la Ossa El pasado 20 de julio terminó la legislatura que comenzó el 20 de julio del año pasado. Fue una etapa de actividad legislativa muy intensa, movida y caracterizada por los roces permanentes entre el presidente Petro y las directivas del Senado de la República, particularmente con quien fungió como presidente de esa corporación, el costeño Efraín Cepeda Sarabia. Los roces continuos fueron porque Cepeda no permitió que el Senado se convirtiera en notario de las iniciativas que presentaba el Ejecutivo, vale decir que fuesen aprobadas sin modificación alguna y en el tiempo que quería el Ejecutivo solo porque así lo pretendía el primer mandatario de la Nación en su actitud dictatorial, tiránica y delirante, propia de las más oprobiosas monarquías absolutistas. Hay que reconocer, querámoslo o no, que el senador Cepeda Sarabia se paró en la raya y en actitud valiente y decidida defendió la independencia del Congreso y su autonomía tal como lo consagra nuestra Constitución, lo cual le valió no pocos ataques y persecuciones por parte del presidente Petro, quien en forma descomedida y virulenta no desaprovechaba ninguna de sus intervenciones públicas para arremeter furibundamente contra Cepeda Sarabia emitiendo bocanadas de fuego contra él, con epítetos salidos de tono como cuando lo tildó de HP para enardecer a la audiencia y buscar que sus partidarios del Pacto Histórico flagelaran a Cepeda. Fue, claro, una legislatura con ánimos caldeados permanentemente pero que el presidente del Senado supo sortear con gallardía, con arrojo y valor para defender con altivez la independencia de poderes y el sistema de pesos y contrapesos que caracterizan a las democracias como la nuestra con sus defectos, pero también con sus virtudes que han permitido que no se desquicie la Nación y no se enrute por los precipicios que conducen, indefectiblemente, al colapso institucional. De manera que hay que reconocer que Cepeda Sarabia lo hizo bien, no para bien suyo sino de su partido y el país. Lamentable sí, que sus copartidarios en la Cámara de Representantes no hayan tenido el mismo comportamiento suyo y, por el contrario, muchos de ellos se hayan entregado vergonzosamente al régimen por mermelada y platos de lentejas por cuya actitud pusilánime e indigna, llegará el momento en que el electorado de su colectividad y el pueblo en general les pasará la factura de cobro.