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Opinión

Llegan las navidades

Samuel Morales Turizo
Samuel Morales Turizo
Columnista
16 de diciembre de 2022

La Navidad, tiempo de hermandad y alegría, enfrenta contrastes. Mientras algunos disfrutan la festividad, otros luchan contra la pobreza. Las campanas anuncian la llegada, pero el verdadero espíritu reside en la solidaridad.

Por: Samuel Morales Turizo. La celebración de la Navidad origina sentimientos generalizados de Hermandad, amistad y solidaridad, que infortunadamente duran pocos días, si estos sentimientos se mantuviesen latente durante todo el año, la humanidad sufrirá un vuelco espiritual asombroso. Los católicos caribeños muchos esperan con regocijos y otros con padecimientos o angustias el adviento, periodo de unas cuatro semanas de duración que precede o la venida de la navidad. Así como muchas personas pasan unas navidades a todo confort, con unos arbolitos deslumbrantes, otros con la ausencia en muchos sitios de la región caribe de nuestro árbol navideño es total, por la carencia de toda clase de necesidades, sufrimientos y falta de oportunidades en todos los ámbitos. Las campanillas son los heraldos de la Navidad, objetos que están directamente relacionados con la función del sonido, como una manifestación primordial del origen de la existencia. Las campanas pequeñitas que se cuelgan en los árboles de navidad y se añaden a los regalos conservan la función de purificar, pero sobre todo simbolizan la alegría de la celebración Navideña, por eso se colocan campanas y siempre se recuerdan las campanitas como una parte importante de la sensación de la llegada de Navidad. Pero un árbol de Navidad significa la presencia de la buena suerte para todos. La Navidad, o natividad de Jesús, es celebrada cada año en el mes de diciembre, por el pueblo católico, conservando así una vieja costumbre que revive el acontecimiento más importante de la historia universal, el nacimiento del Redentor. La navidad empieza todos los años el   16 de diciembre, con las novenas, estas se iniciaron por primera vez en el año 1727 y fueron creadas por el fraile ecuatoriano Luis De Larrea desde esa época se extendió a tres países, Ecuador, Colombia Y Venezuela. Hoy, como anhelamos el árbol de navidad, nuestro árbol, el propio, no atrapado por el frío de la nieve norteña, sino por el calor del fulgurante sol tropicalino. Como recordamos aquel vistoso árbol monumental mimetizado entre el verde esmeralda y el verde de aceituna. Queremos ver nuestro árbol navideño caracterizado por una significativa decoración, propia de nuestra artesanía regional, producción representativa de nuestros creadores caribeños, entre ellos podemos destacar: canastos, sombreros, carteras, abanicos, objetos cerámicos, gotas y estrellas.