Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

León XIV

Carlos Martínez Simahan
Carlos Martínez Simahan
Columnista
18 de mayo de 2025

Cuando el nuevo PAPA anunció su nombre, León XIV, en la biblioteca vaticana saltaron las páginas doradas de la Encíclica Rerum Novarum (1891), la campanada de largada que dio la Iglesia en los tiempos de León XIII, en los comienzos de la lucha por los derechos de los trabajadores.

Por Carlos Martínez Simahan Cuando el nuevo PAPA anunció su nombre, León XIV, en la biblioteca vaticana saltaron las páginas doradas de la Encíclica Rerum Novarum (1891), la campanada de largada que dio la Iglesia en los tiempos de León XIII, en los comienzos de la lucha por los derechos de los trabajadores. Nació la Doctrina Social de la Iglesia, surgió la reflexión sobre los problemas económicos y laborales, se reconocieron los derechos al salario justo, a las condiciones de trabajos dignas, al sindicalismo, a la jornada laboral limitada y al descanso. Desde entonces la Iglesia rechaza tanto los abusos del Socialismo como insensibilidad del Capital. Era los tiempos del capitalismo salvaje. La encíclica de León XIII fue la respuesta a los dramas a que dio lugar la Revolución Industrial, reflejados en los tristes y pobres barrios de Londres, descritos en los cuentos magistrales de Charles Dickens. Londres era entonces símbolo de progreso, de adelanto: grandes barcos hacían cola en el rio Támesis para descargar sus mercancías, pero nada de ese tráfago pudo esconder las lacras a que condujo la ignorancia de la Justicia Social. La Rerum Novarum atinó, dio en el blanco de los conflictos sociales y abrió caminos de esperanza en la lucha contra las desigualdades. León XIV, nacido en el país más desarrollado del mundo actual, los EEUU, su alma misionera lo condujo a Chiclayo, la parroquia peruana en el mismo corazón de América Latina, el continente joven y nuestro que sigue debatiéndose entre la pobreza, el atraso, los caudillos, los dictadores, la democracia y el afán de modernidad. En la región ha surgido una tendencia cultural ajena a la llamada Fe de los mayores. Se habla “de la impertinencia de la religión”, mientras se practica la religión del crecimiento, como indispensable para la permanencia del ser humano sobre este planeta. ¿Que se opone a esos dictados economicistas? El peligro de la extinción de la tierra. En el lenguaje de moda: círculos alrededor del sol que lentamente giran para acercarse o alejarse del astro rey, mientras surge del espacio un meteorito que pasa cerca anunciando que el próximo puede ser el gran final. En ese mundo de orbitas no aparece el dedo creador de Dios que pintara en la Capilla Sixtina Miguel Ángel Buonarroti, el más grande artista de todos los tiempos. Bajo esa cúpula de maravilla se reunieron los 133 cardenales, inspirados por el Espíritu Santo, para elegir el sucesor de Pedro. ” Yo te digo que tú eres Pedro. Sobre esa piedra construiré mi Iglesia y las puertas de los dominios de la muerte no prevalecerán contra ella”. León XIV, como su antecesor Francisco, representa la Iglesia de América Latina, tantas edades ignoradas por los pontífices italianos. Como Francisco, ha comprendido el mensaje de amor contenido en la Teología de la Liberación, interpretada de manera equivocada por los sociólogos sofistas del Lovaina que, a su vez, inspiraron a los aspirantes al poder, a los afanados por hacer política y se olvidaron de leer los evangelios, pretendiendo que la sotana era un pasaporte para ejercer la violencia. “El amor tiene que ser eficaz”, era la consigna de los cambiaron el cáliz por el fusil y la ostia sagrada por las balas. “No se puede cometer el error teológico de asociar a Jesucristo con la violencia “, fue la profunda y lacónica respuesta de Juan Pablo II en Puebla (1979). La Iglesia de hoy, la iglesia de León XIV, ha retomado la misión evangelizadora y se pone a la vanguardia en la búsqueda de paz mundial y de la igualdad humana. Perdón por recordar aquí que el día de elecciones en democracia se cumple el mayor anhelo humano: Los hombres somos iguales en la faz de la tierra. Enfrenta la Iglesia, como en el desierto bíblico, las tentaciones del demonio: la pederastia se ha extendido por entre los altares y ha mellado la fe y el amor por el Evangelio. Siempre ha sido duro el camino al calvario. Y siempre la Iglesia de Cristo ha sido capaz de superarlo. Ha resurgido la figura de Jesús de Nazaret como un ideal de liderazgo que le habla al ser humano, a su alma. Un liderazgo inmune al tiempo que, a su vez, calma y orienta las angustias y las pasiones de los hombres. El Párroco de Chiclayo, docto y moderno, bendecido desde los altares por Juan XXIII, empieza su abrumadora y hermosa tarea como cabeza del Estado Vaticano y de la Iglesia de Pedro, el Pescador. PS. PAPA: Petri Apóstoli Potestatem Accipiens. El que recibe la potestad del apóstol Pedro