
Las Velitas

En vísperas de la Inmaculada Concepción, la tradición de encender velas ilumina el significado de la Virgen María. Un dogma de 1854 celebra su concepción inmaculada, preservada del pecado.
Por Selma Samur de Heenan Anoche, en muchos países, se prendieron velitas e iluminaron faroles, y con el crepitar de sus luces, alegraron a quienes se reunieron para vivir esta linda tradición, algunos, seguramente, sin tener la menor idea de su real significado, y mucho menos imaginarse que ello está relacionado con la santísima Madre de Dios. En 1854, el Papa Pio IX, proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María para ser conmemorado cada 8 de diciembre. Antes de celebrarlo, propuso hacer una vigilia la noche anterior, para lo que se prendieron muchas velitas, y se pusieron en los balcones, faroles encendidos. Hoy, por lo tanto, estamos de fiesta porque entendemos que en la concepción de la Reina del Cielo, ella fue preservada de culpa. Es decir, que Dios dispuso que quien sería su Madre se mantuviera al igual que ÉL, totalmente libre del pecado original, a diferencia de todos los demás, que nacemos con la mancha heredada de nuestros primeros padres, pero que luego se borra con el bautismo. Es común que se presente una confusión entre la concepción inmaculada de María y su virginidad perpetua, fruto de que Jesús fue engendrado y nacido por obra del Espíritu Santo, lo que también constituye otro de los cuatro dogmas marianos. La beata Ana Catalina Emmerick narra sus visiones del momento en que Santa Ana y San Joaquín, se encontraron bajo la Puerta Dorada y recibieron la plenitud de la gracia divina, en virtud de la cual María inicio su existencia en el vientre de su madre, por efecto de la santa obediencia y del puro amor de Dios. Es la manera en que todos hubiéramos sido concebidos de no haber incurrido Adán y Eva en desobediencia. Entiendo que estos temas son difíciles de tratar, porque nuestros sentidos espirituales se encuentran bastante opacados por el razonamiento y la lejanía de Dios. Pero es necesario que se hable de ellos, y que sembremos la semilla de la fe, cada vez más debilitada, hasta el punto de que aun entre los más encumbrados de la Iglesia está disminuida la certeza de la revelación divina, y la seguridad de que para Dios nada es imposible. Que este domingo, recibamos la gracia del Espíritu Santo para respetar los misterios que encierra toda la historia sagrada que por Él ha sido iluminada.