
Las variables del camino

Conocemos el camino, pero nos encanta experimentar lo desconocido, llevar la contraria con tal de poder demostrar que tenemos la razón, aunque solo sea en la imaginación.
Por Olga Lucia Bustamante Madrid Conocemos el camino, pero nos encanta experimentar lo desconocido, llevar la contraria con tal de poder demostrar que tenemos la razón, aunque solo sea en la imaginación. Esto, nos da una respuesta de lo que pasa verdaderamente: vivimos desconectados de la fuerza, de la coherencia y la verdad que nos puede sacar adelante. Desconocemos nuestros límites. Como aquel que tiene un carro lujoso y teme usarlo. Mientras otros con sus vehículos comunes se desplazan, y hacen uso de sus beneficios. La historia nos narra lo provechoso de dialogar, saber perdonar y reconciliarse. Después de años de guerra, de diezmar las poblaciones e ir arrasando con la naturaleza, por fin aparecen algunos de corazón inmenso y abierto, invitando a la reflexión, a buscar puntos en común, y proponiendo soluciones para todos. Pero muchas veces no vence la lógica, ni la verdad, tampoco la generosidad, ni la compasión, ni la justicia, vence el cansancio. Por eso son enmiendas pasajeras. Entonces esas vivencias se repiten cíclicamente con todas sus consecuencias, porque son verdades no interiorizadas, no aprendidas. Somos seres privilegiados, pero no lo vemos así. Le sacamos provecho a las mediocridades humanas, no a su nobleza. Aun cuando conocemos de su existencia, nos parece tema de ficción. ¿Cómo estaría la raza humana si hubiese asumido el reto del amor con lo que ello implica? Experimentamos parte de lo que poseemos, generalmente lo que vemos y podemos controlar con nuestros sentidos, pero solos, sin compañía ¿Qué tal aceptar que nos va mejor de la mano del plano espiritual que nos da discernimiento y libertad…y nos ayuda a encontrar y aprovechar lo mejor de nosotros mismos? Sin regaños, sin castigos… solo nos invita a reflexionar y sacar conclusiones razonables. El amor ‘se siente’ en el corazón, no son los regalos ni las promesas vacías. El perdón verdadero se debe ‘sentir y vivir’, no desde las palabras o la intolerancia. La paz se vive ‘sintiéndola’, no firmando tratados. El amor es libertad interior ‘sentida’, no frases escritas, pero con grilletes en el cuerpo y en el alma. Es que confundimos términos. Amor y placer deben ir de la mano. Placer sin amor es una experiencia pasajera muchas veces con consecuencias dañinas. El amor sin placer, agrado, o sentimiento de bienestar, no existe como tal. Somos ricos de nacimiento, empobrecidos en medio de tanta ignorancia.