
Las rutas de mis nostalgias

En el otoño de la vida, la nostalgia por amores pasados se intensifica. Revivir lugares compartidos evoca recuerdos, transformando barrios en "rutas de nostalgias" y reflexión sobre el paso del tiempo.
Por Raymond E. Gomes-Cásseres Cuando por el paso de los años llegamos al otoño de nuestra vida, hay días que la nostalgia por algunos amores que tuvimos en nuestro recorrido existencial se hace intensa, dolorosa, capaz de producirnos tristeza. Aunque la dinámica de la vida aparentemente nos hizo olvidar del todo esos amores, hay momentos que alguno de ellos se vuelve presencia. Por algún detalle recordamos con meridiana claridad la casa donde vivía, los sitios en donde estuvimos con ella, las calles que caminamos juntos, las noches, los días y los lugares donde la besamos; las caricias que le dimos y nos dio, los te quiero y te amos que nos dijimos. Y sentimos la necesidad imperiosa de visitar esos lugares. Existen algunos barrios de Sincelejo - con sus calles destapadas, sus casas modestas, sus árboles frondosos, sus vientos desatados, sus atardeceres olorosos a fritos- que recorro cuando ese ayer maravilloso que viví en esos lugares se vuelve presente. A esas calles, esos caminos, esos senderos, yo los he llamado las rutas de mis nostalgias. Y aunque quedan en diferentes partes de la ciudad las visito frecuentemente de acuerdo a la mujer añorada. Observo con arrobación la casa en donde ella vivía, recorro las calles que nos vieron juntos, el estadero donde la besé por primera vez, el sitio donde hice el amor con ella. La mayoría de ellas no sé dónde están hoy; algunas se fueron a vivir a otras ciudades y solo se dé una que se fue para otro país, y formaron allí sus familias; a otras les perdí el rastro definitivamente. Aunque la mayoría solo me acompañó un tiempo corto, las vivencias que tuve con ellas se quedaron eternamente en mis recuerdos. Y hoy ya no queda nada del dolor de sus partidas, solo agradecimiento porque me tuvieron en su corazón. Paulo Sexto, Santa María, La Concepción (Corozal), Chacurí, La Selva, El Pinar, La Palma, Paraíso-Puerta Roja, inolvidables barrios que hoy hacen parte de las rutas de mis nostalgias. Si es verdad que al momento de morir uno recoge sus pasos, estoy seguro que por las calles de estos barrios, me verán pasar al despedirme de la vida. Cuando los años pasan y el otoño llega a nuestra vida, las mañanas, los atardeceres y las noches agotaron su capacidad de asombro; ahora el tiempo es una sucesión de horas con escasas emociones. La vida es hermosa cuando somos niños, jóvenes, incluso adultos, más cuando el otoño aparece carga con nuestras últimas ilusiones y como no tenemos- como los árboles-el don de renovarnos en cada primavera, sabiamente nos prepara para la muerte.