Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

La vida pública y la vida secreta.

Susana Viera
Susana Viera
Columnista
29 de diciembre de 2024

La "vida secreta", como la definió García Márquez, contrasta con la vida pública. El caso de Catherine Juvinao, y los privilegios políticos, plantean dilemas éticos y sociales.

Por Susana Viera “(…) y me doy cuenta también de que he vivido tres vidas: la vida pública, la vida privada y la vida secreta. La buena para escribir es la secreta.” Esta es una de las tantas frases inmortales de Gabriel García Márquez. Es pertinente recordarla en estos tiempos en donde es irremediable preguntarse, si las figuras políticas tienen la prerrogativa de una vida secreta. Ilustremos el caso con el de la representante a la Cámara, Catherine Juvinao, captada por las cámaras violando la Ley 2354 de 2024, por medio de la cual se prohíbe el uso de vapeadores en lugares de trabajo y/o lugares públicos. Mencionar este evento de hace dos semanas, puede leerse para algunos como periódico de ayer, pero no. Esta pequeña infracción, es válida para enfatizar en los privilegios y prohibiciones inherentes a la vida pública, y especialmente en lo relacionado con lo ético y ejemplarizante de las conductas apropiadas de una figura política. La vida secreta, de la que hablaba nuestro Nobel, es buena para los escritores o cantantes como Silvestre, quien también parafrasea a Gabo, para hablar de su “derecho” a una vida oculta e incuestionable. Son muchos los privilegios de los que gozan los políticos, pero mencionaré uno de menor relevancia, como el de los pasaportes diplomáticos. Cuando por ellos reciben estos tratos diferenciales que los ubican en una fila rápida y asiento en clase ejecutiva, allí sí son figuras públicas con requerimientos de protección especial y tratos de sagrada providencia. Pero cuando sobrepasan su fuero, violando las leyes, las conductas sociales básicas, y la máxima ética (ser ejemplo para la sociedad), y se ven expuestos públicamente, entonces justifican sus conductas con la excusa de ser mortales e imperfectos como cualquier humano. Y lo son, pero con las exigencias propias de su condición excepcional. Y es que la rendición de cuentas ante un estamento superior no es solo una cábala católica. Como ciudadanos tenemos derechos y deberes, y como seres humanos nos es complejo acompasar lo correcto con lo incorrecto. Ser o no ser en un mundo repleto de disonancias, donde de todo hay en la viña del Señor. ¿Qué más veremos de la vida secreta de algunos de nuestros ilustres políticos? ¿Drogadicción, acoso sexual, violencia intrafamiliar, condenas por asesinato, y la corrupción que para nadie es nueva o secreta? NOTA: A los que no han leído la obra de Gabo, recomiendo que inicie con “Cien años de soledad”, continúe con “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada” y cierre con “El Coronel no tiene quien le escriba”. Ya verá lo fácil que fue para un hombre con excepcional talento, describir el espíritu de un pueblo cuya vida secreta inspiraría a cien Macondos más.