
La vida no es un juego

La ciencia busca la inmortalidad, pero ¿podrá erradicar el sufrimiento humano? Este análisis explora las implicaciones éticas, emocionales y sociales de una vida eterna.
Por Olga Lucía Bustamante Madrid Y me encuentro con este tema, en plena Semana Santa… “La ciencia esta próxima a impedir el envejecimiento. El ser humano será inmortal…” Consideremos que con intervención genética logran manipular los ciclos biológicos y detener o modificar enfermedades. ¿Podrán modificar la huella de las enfermedades mentales, psicológicas, espirituales y sociales? ¿Podrán revertir el daño mental /espiritual de la humillación, la esclavitud en persona indefensas, abusadas? ¿Podrá borrarse el terror de un genocidio generado por deseos de grandeza y abuso de poder de unos pocos dominadores? ¿Se acabará el hambre en el mundo? ¿El cambio climático se detendrá y se regenerará lo dañado? ¿Será el fin de la esclavitud humana? ¿El vacío de Dios ya no será importante? Solo en mentes cuyos pensamientos son netamente utilitaristas ávidos de poderío y soberbia, puede caber el sueño de progreso netamente materialista desconociendo y anulando al ser emocional espiritual que complementa a las criaturas creadas. Estamos jugando a ser Dios. Al culminar el ciclo de vida terrenal a los 2, 30, 58, 83,100, 200, 1.000 años ¿Serán mejores seres humanos los últimos en partir? ¿Se desarrollarán las inteligencias emocionales que crean ventajas para ‘todos’? Creo en un Dios que nos permite explorar lo que queramos, porque todo está dado. Solo debemos abrir esas ventanas de acceso al conocimiento: al correcto y al incorrecto. Poseemos la capacidad de discernir, entender, aclarar, sopesar lo conveniente o inconveniente,… ¿La usamos con coherencia? ¿Es malo pretender vivir más años en mejores condiciones? Percibo que es incompleto ese sueño. Es un objetivo a medias. La ciencia no ha develado los misterios de la existencia humana. Desconoce el alcance de las leyes universales. ¿Inmortalidad física?… ¿Será también eterno el sufrimiento? ¿Pelearán en las guerras por la eterna dominación del hombre por el hombre, o se venderá la vida al mejor postor? ¿Parará la procreación de la especie? Son más las preguntas que el ser humano debe responder antes de dar ese paso, de lo contrario la tristeza de vivir eternamente las variables inmateriales y negativas del hombre, harán de esa eterna vida, un eterno infierno. El gran problema no es el envejecimiento. Son todas las variables que mutan permanentemente en los pensamientos, sentimientos, palabras y actos humanos. Lo que verdaderamente debe ser duradero es como utilizamos esas perspicacias, inspiraciones, razonamientos, talentos, conciencia. La tristeza y el dolor no son opciones que se eligen libremente. ¡Algún día la ciencia nos debería mostrar el camino de la convivencia plena!