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Opinión

La verdad

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
10 de noviembre de 2024

La búsqueda de la verdad, un anhelo humano complejo, se enfrenta al relativismo. Ideologías socavan estructuras sociales al imponer falsedades, como confundir sexo y género.

Por Selma Samur de Heenan Encontrar la verdad ha sido una de las más complejas aspiraciones del hombre, y su búsqueda ha motivado la vida entera de muchos personajes a lo largo de la historia. A ese afán de diferenciar lo que es cierto de lo falso, no pocos le han dedicado su existencia. Algunos infructuosamente, otros por el contrario, con gran acierto. Es común que muchos repliquen la promesa de Jesús: “la verdad los hará libres”, pero la mayoría demuestra poco interés en lograr ese tipo de libertad. Por el contrario, han preferido conformarse con lo aparente o condescender ante cualquier argumento falaz, sólo por el hecho de que cada persona debe ser respetada en lo que piensa y en su verdad construida, aunque esta sea una barbaridad inalcanzable por la lógica racional. Los argumentos relativistas tienden a postergar el discernimiento necesario para dilucidar lo que es verdadero en sí mismo. Y son estos nefastos criterios los que usan las ideologías para desbaratar las estructuras sociales que nos dan el soporte moral y cultural. Por ejemplo: hay quienes dicen con absoluto convencimiento, que los humanos no tenemos sexos sino género. Esto es mentira. La palabra sexo es la que identifica si somos hombre o mujer, mientras que el género expresa si una cosa es en femenino o masculino: La mesa, él sofá. Aceptar este error gramatical nos hace renunciar a lo objetivamente correcto y comprobado genéticamente. Millones pueden decir lo contrario y hasta adoptar los géneros que gusten, pero la verdad seguirá siendo la misma. Tener que guardar silencio, sin ni siquiera lamentar tanto descalabro, porque debemos validar como verdad lo que cada persona piensa, es una dictadura disfrazada de libertad. Indudablemente, hay situaciones que admiten puntos de vista diferentes, y algún debate que puede orientarse con argumentos, hasta encontrar la respuesta acorde a esa realidad categórica que se debe reconocer, pese a que nos gustaría disentir. Conservemos el anhelo por la verdad y encontraremos las respuestas a profundas inquietudes. Esas que surgen en las madrugadas sin fin, y que no se desvanecen, sino que con insistencia se afianzan en el corazón. Jesús se autodefinió como el camino la verdad y la vida, bella manera de enseñarnos que es con ÉL que estaremos en lo correcto, y como consecuencia, tendremos la serenidad y la paz que nos dan descanso y plenitud.