
La soledad que un día seremos

La humanidad ha conocido a aquellas personas que por voluntad propia decidieron un estilo de vida en soledad, buscando conectar con lo espiritual...
Por Olga Lucia Bustamante Madrid La humanidad ha conocido a aquellas personas que por voluntad propia decidieron un estilo de vida en soledad, buscando conectar con lo espiritual, en abstinencia de los placeres del mundo, renunciando a los bienes materiales, o siguiendo los pasos a seres que se hicieron grandes en lo trascendental, por este camino. Son llamados anacoretas, ermitaños o monjes. Toleraban su nuevo estado porque desarrollaban la conexión interior profunda con el mundo de lo Divino. Era una decisión consciente, de la que solo ellos se hacían responsable. Elegir la soledad para evitar salir de la zona de confort, sin sopesar las consecuencias a futuro, en ausencia de familia cercana, <sin hermanos, primos, tíos…> representa para la estabilidad del futuro personal, un riesgo feroz; es declarase en orfandad y abandono afectivo. Ningún amigo o conocido asume con desinterés aquellos infortunios de la vida, de los que nadie está exento: minusvalía, enfermedad crónica física o emocional, periodo natural de ancianidad, quiebra económica, etc. La naturaleza en su sabiduría, nos rodeó del afecto de los seres queridos, con una impronta adherida al alma, que hace grande e incondicional el amor fraterno. Aquel sentimiento profundo que nos permite apoyarnos y aceptarnos tal cual somos. Es un amor comprometido noble y honesto que supera barreras y crea lazos perennes. Aquel que comparte recuerdos de aprendizajes e historias indisolubles, que ofrece un entorno seguro que nutre y protege. En la armonía familiar aprendemos del perdón, sacrificio, entrega, valores indestructibles, de estímulos para crecer y enfrentarse a la vida con fortaleza. Por muchos defectos y situaciones difíciles que se manejen al interior de las familias, los cimientos que dan seguridad y estabilidad emocional deben tener raíz en ella. ¿Dónde más? ¿Con el amigo, socio, vecino o pareja de turno? ¿Por qué una sociedad decide renunciar a la misión de la maternidad y la paternidad? ¿Será para huir de responsabilidades y compromisos? La autorrealización se está haciendo a corto plazo sin medir las consecuencias personales y sociales a largo plazo. Tendremos personas llenas de reconocimientos de papel pegados en las paredes, pero con la soledad tallada en los corazones. ¿Ese es el futuro que queremos? Más bien, no sabemos mirar en perspectiva la existencia propia y global de la humanidad. En la juventud el horizonte lo vemos lejano, pero en la adultez lo estamos tocando con la mano, pero ya no tendremos como modificarlo.