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Opinión

La soledad del poder

Carlos Martínez Simahan
Carlos Martínez Simahan
Columnista
5 de septiembre de 2023

La soledad del poder acecha al presidente Petro, aislado en medio de desconfianzas y la pérdida de apoyo popular. Mientras, la oposición busca recuperar el rumbo democrático ante un gobierno que avanza hacia el socialismo.

Por Carlos Martínez Simahan La figura del presidente Petro perdido en los salones de la Casa de Nariño o en las penumbras del París bohemio o en la amazónica Belém do Pará o navegando entre las Ciénegas míticas del San Marcos sucreño, representa lo que se ha llamado la soledad del poder, ese fenómeno que lleva consigo la victoria. La desconfianza en los ministros, que cambia con frecuencia, y en sus asesores, que van y vienen; las dudas para nombrar a unos y desnombrar a otros. Se ha dicho que es imposible superar la soledad del poder. Eso explica, tal vez, el placer compensatorio de hablarle a las multitudes y de lanzar órdenes perentorias desde la plaza pública. Pero, las muchedumbres convocadas por fuerzas sociales y políticas de la oposición, van languideciendo por entre las callejuelas de las urbes. Se prefiere el silencio a la arenga, quizás porque los celos entrecruzados inducen a que nadie hable para que nadie sobresalga. Tampoco queda el mensaje que convoca o se pretende, con McLuhan, que la manifestación es el mensaje. Se ha perdido de vista que la batalla es frente a un gran orador de plaza pública que sabe trasmitir sus ideas, por eso llegó a la Presidencia. Aún no se perfilan los sucesores del caudillo de la izquierda gobernante. Desde la contienda pasada hay orfandad en ese escenario. Petro no tuvo rival a la altura de su campaña, de sus propuestas y de su interpretación sesgada de la historia nacional. Tampoco se aprecia que este surgiendo una personalidad como la que se necesita: que represente a la Colombia democrática. Tanto los opositores como los independientes creen estar cumpliendo su tarea. No se han descuidado en el combate y se espera que el octubre 29 suenen las salvas de muchos triunfos. Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, por ejemplo, se recuperarán para la democracia. Pero, falta todavía construir una alternativa desde la grandeza del comportamiento y por la grandeza del objetivo: retomar para el sistema democrático representativo la dirección del Estado. El gobierno se la está jugando para llevarnos a un socialismo que ha fracasado en América Latina. Y que se queda en el poder sobre el cadáver de las libertades. Resulta peligroso que en cada intervención presidencial la mano tendida sea para la delincuencia armada y los dardos para el mundo del capital y el mercado. Al mismo tiempo, la seguridad se desvanece en manos de un ministro de Defensa inepto que no ha superado sus odios a la Fuerza Pública. La nueva contienda encontrará intactos los batallones democráticos. Ahora solo falta un nuevo y avezado capitán.