
La soledad de la vejez

El escritor Mario Benedetti reflexiona sobre la soledad en la vejez. La clave: prepararse con inteligencia, aceptando el pasado y valorando el presente para vivir plenamente.
Por Olga Lucia Bustamante La soledad de la vejez. Se titula un escrito corto salido de una pluma con corazón, llamado Mario Benedetti. Dice que debemos prepararnos con inteligencia para quedarnos solos, con valentía, sin temores sin esperar nada de nadie…nada de llanto, odios ni tristeza…” prepárate fuerte para esa soledad y habrás vencido a la vida, al destino y a la eternidad.” Para que esto suceda tenemos que estar contentos con lo que somos y sentimos, de otra manera no estaremos contentos con nuestra propia compañía. Para que eso ocurra le agregaría una connotación a esa sugerencia, a mis contemporáneos: Comencemos a tener una visión más holística de la existencia. Significa aprender a mirar el ‘Todo’ en un análisis completo de la realidad. No para lamentarnos de lo que pudo haber sido y no fue. Solo para percibir otros puntos de vista, que en su momento pasamos por alto. Para reconocer que pudimos haber evitado muchas confrontaciones si nos hubiésemos detenido o callado a tiempo. O por el contrario si hubiésemos expresado de manera coherente el sentimiento que nos desbordaba, se hubieran aclarado verdades a medias. Podemos descubrir cuál era el mensaje oculto que traía cada experiencia. No estamos acostumbrados a observarnos, nos ejercitamos para mirar a los otros, sus aciertos y errores, más no para detallar los nuestros. En la adultez es razonable comenzar a vaciar las maletas de los recuerdos dolorosos. Solo repasarlos para concluir las señales que trajeron, entonces, poder conservar los registros buenos y sanadores, y decirle adiós a lo innecesario: a las conjeturas, los rótulos, las promesas incumplidas, las palabras ofensivas, las sombras, los reclamos, las agujetas que aun pinchan, las censuras… Comencemos a nutrir el amor por nosotros mismos, el agradecimiento con la vida, la aceptación de momentos, acontecimientos y circunstancias que no dependieron de nuestra voluntad. Y aun, de aquellas que dependieron, pero fueron mal enfrentadas o mal interpretadas en su momento. Es parte del aprendizaje y es válido errar para comprender. En definitiva, es comenzar a admirarnos por nuestra valía, tesón, habilidades, buenos sentimientos, capacidad de servicio, buen humor y temperamento, buenas relaciones interpersonales, etc… Cuando descubramos que la vida valió la pena, sin más reproches ni quejas, con total aceptación de lo vivido. Cuando al despertar esboce una sonrisa, una plegaria de agradecimiento, una frase estimulante: ¡Me siento feliz! ¡Hoy será un día maravilloso! Tengo planeado hacer…ir, visitar…ese día estaremos listos para la soledad de la vejez.