
La semilla de los tiempos difíciles

¿Cómo los tiempos difíciles forjan la fortaleza humana? Reflexionamos sobre la relación entre la creación, la fuerza y la debilidad, explorando el equilibrio interior en una sociedad convulsa.
Por Olga Lucia Bustamante Madrid En alguna parte escuché estas dos afirmaciones que no están lejos de nuestra realidad. “Los tiempos difíciles crean humanos fuertes. Los humanos fuertes crean buenos tiempos. Los buenos tiempos crean humanos débiles y los humanos débiles crean tiempos difíciles.” Los mayores avances de la humanidad se han dado en épocas difíciles, cuando debemos utilizar toda nuestra energía creadora para recuperar el centro del equilibrio. Tres palabras señalan un proceder: crear- fuerza-debilidad. Es cuestión de direccionalidad ¿Qué deseamos crear? ¿Fuerza? ¿Debilidad? Solo depende de la intención. La historia nos revela que hay representantes de ambos lados: los que crean bienestar o desventura. Son muchos más los que se adhieren al sentimiento de bienestar, pero, la fuerza del malestar creado por unos pocos es bullosa y llamadora de la atención. Por eso las noticias malas y los comportamientos disfuncionales, son utilizados para vender publicidad, es la razón de ser del amarillismo en la prensa y cine. Podríamos pensar entonces que el desorden social que hoy se vive, plagado de facilismo, sedentarismo, superficialidad y falta de compromiso, ¿es el resultado de una generación débil creada en buenos tiempos, heredados? Suele suceder ¿Este caos es un preámbulo para mejores tiempos venideros? Posiblemente. Cuando experimentamos que algo no funciona, percibimos y sufrimos la amenaza de algo dañino, se enciende una alerta, que, si no es atendida para buscar un cambio de orientación, es el acabose, la ruina social, moral, económica… Las semillas tienen que madurar para dar vida a una nueva planta. La segunda afirmación que llamó mi atención es: “No se puede ignorar la creciente brecha entre nuestras vidas exteriores y nuestro ser más íntimo.” Sí… mientras más énfasis del damo a lo externo, excesivos ruidos, océanos de información, más distantes estamos de nosotros mismos, más sordos al llamado del alma, con un gran vacío interior al desconocernos como seres espirituales. Esto es debilidad. Nada más perecedero que aquello meramente insustancial y aparente, porque solo pertenece al mundo de los ojos abiertos. ¿Qué significa? Que el equilibrio del ser humano es completo cuando penetramos voluntariamente al mundo de los ojos cerrados, para acallar momentáneamente, lo externo. Ingresar a nuestro interior, a través del silencio, de la reflexión, la oración o la meditación, nos acerca a un mundo paralelo inmaterial, de luz y sabiduría. Si valoráramos esa sinergia nos acercaríamos a lo que parece inalcanzable: Paz, equidad, entendimiento, coherencia, y estabilidad en todos los campos.