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Opinión

La salvación

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
22 de septiembre de 2024

El Apocalipsis revela la promesa de una morada eterna con Dios. El bautismo marca el inicio de un camino cristiano guiado por Jesucristo, la puerta a la vida eterna.

Por Selma Samur de Heenan “Y oí venir del trono una voz potente que decía: Ésta es la morada de Dios con los hombres; él habitará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo morará con los hombres. Enjugará las lágrimas de sus ojos y no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni pena, porque el primer mundo ha desaparecido" (Apocalipsis 21,3-4). Aunque muchas veces nosotros olvidamos que al ser bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, nos hicimos hijos de Dios, Él no lo olvida porque es una verdad inmutable y permanente. Con el bautizo iniciamos un recorrido cristiano que implica reconocer que es Jesucristo la puerta hacia la vida eterna y futura, aceptando que ahora estamos de paso, y que debemos caminar tras sus huellas para no desviarnos con el pecado y las banalidades del mundo que nos llevan a la tristeza, al miedo, al dolor e incluso al riesgo de la perdición del alma. Creer que Jesús es la verdad y por ende el único camino, nos lleva a darnos cuenta de que el hecho de ponerlo como nuestro centro y núcleo, va más allá de una declaración locuaz, por muy sincera que sea. Es indispensable que acatemos las recomendaciones que vino a dejarnos sobre la manera de vivir y de cumplir con los mandamientos de la Ley de Dios, porque no fueron derogados por Jesús, sino muy por el contrario, plenamente ratificados con su ejemplo de vida y predicación. La fe en Cristo, implica tener el valor de reconocer, ante todos, que tenemos un solo Señor y por fuera de ÉL no podemos encontrar las respuestas que necesitamos, porque la plenitud de la verdad está en la Iglesia que fundó. Necesitamos ser coherentes con nuestro deseo de conocer la Patria Celestial, siendo agradecidos con Jesucristo por el gran regalo que nos trajo y aprovechando la oportunidad que nos proporciona para llegar a ella. Amemos a Dios por encima de todas las cosas, santifiquemos sus fiestas, vivamos como Jesús nos ensenó: orando, sacrificándonos, humildes, perdonando, pagando al mal con el bien, y anunciando siempre el Evangelio de la salvación, aquel que proviene de la Voluntad de Dios. Ese mismo que conocemos como la Verdad revelada y que no puede ser cambiado ni por obispos o los Ángeles del Cielo. Gálatas 1, 8