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Opinión

La Resurrección

Samuel Morales Turizo
Samuel Morales Turizo
Columnista
5 de abril de 2024

La resurrección de Jesús, un hito trascendental, se narra desde la Palestina de Heródoto. El conflicto hebreo-palestino y la fe en su segunda vida marcan el relato.

Por Samuel Morales Turizo La zona donde vivió Jesús es una faja de la costa mediterránea que se extiende entre la Siria Meridional y Egipto. Con el transcurrir del tiempo, esta región recibió diferentes nombres y estuvo limitada por distintas fronteras. Hoy la llamamos, como la llamara el historiador griego Heródoto: Palestina y sus lindes actualmente son parte naturales y partes convencionales. Estos límites han originado el conflicto hebreo-palestino. Jesús habitó en un territorio insignificante del Imperio Romano, dentro de un país al que los dominadores de entonces definían como el más triste de todos. Ciertamente el episodio de la resurrección de Jesús se convirtió en uno de los acontecimientos más trascendentes del universo. Los miembros del Sanedrín fueron los grandes derrotados con la resurrección de Jesús. Éstos le tenían odio y ellos vociferaban que nadie habría podido superarles en sagacidad y no le perdonaban que él los hubiera opacado. La prueba fehaciente al relatar cómo se halló vacía la tumba de Jesús, la aportan los dos primeros sinópticos: Mateo y Marcos, quienes se muestran bastantes paralelos entre sí. Respecto a la primera vida de Jesús, la tarea consistía en verificar una selección de sus hechos. En cambio, acerca de la segunda, que nace con la resurrección, no hay que seleccionar sus actos, puesto que todo es sobrenatural o espiritual y por tanto imposible de verificar. La tarea se limita a determinar cómo surgió en los discípulos inmediatos de Jesús la fe en una segunda vida de éste. Los mismos documentos, los mismos testimonios históricos que han narrado hasta aquí los hechos de Jesús, no se detienen en su muerte, sino que, con la misma autoridad y el mismo grado de información que antes, persiguen narrando una resurrección y una segunda vida suya. Ernest Renan, historiador religioso francés, autor del libro “La vida de Jesús”, después de relatar la muerte de éste, se expresa así: “Reposa en tu gloria ¡Oh, noble iniciador! Tu obra está cumplida, fundada tu divinidad. No temas ver desplomarse por error el edificio que erigiste: De ahora en adelante, inmune de fragilidad, asistirás desde las alturas de la paz divina a las consecuencias infinitas de tus actos... Durante millones de años el mundo te obedecerá”.