
La reencarnación

La reencarnación, promovida por movimientos espirituales, contradice la fe cristiana. Esta creencia, que posterga la salvación, es una trampa del demonio.
Por Selma Samur de Heenan Uno de los engaños más diabólicos en estos tiempos, es el que proclama que tenemos muchas vidas, y que vamos evolucionando hasta que, al final, volvemos todos a un dios concebido como una energía atrayente y no como el Dios que se hizo hombre y conocemos los cristianos. Esta creencia, conocida como la reencarnación, es un principio fundamental en la mayoría de las tradiciones religiosas indias, pero actualmente ha sido acogida por movimientos de la Nueva Era y corrientes espiritistas. Peor aún, también entre personas que dicen conocer las sagradas escrituras, encontramos seguidores de esta filosofía que va en contravía a lo establecido en la Biblia, cuando contempla la resurrección por la cual viviremos nuestra propia vida, no una ajena, en una nueva tierra donde no habrá muerte. Particularmente el demonio promueve la gran falsedad que encierra todo el tema de la reencarnación, logrando a gran escala que muchas almas pierdan la oportunidad de salvación que les ha sido otorgada por Jesucristo. En un mundo donde es común aplazar el cumplimiento de los deberes y dejarlos para mañana, el hecho de creer que existen varias vidas para corregir los defectos y pecados, se fomenta la tranquilidad en postergar las cosas más difíciles para hacerlas en otras supuestas existencias. La verdad es que a pesar de que somos eternos, el hombre vive terrenalmente una sola vez. Luego viene la muerte del cuerpo y el juicio particular para el alma, en el que se decide cuál será ese destino eterno. Qué gran trampa nos tiende el demonio haciéndonos vivir despreocupadamente y con esperanzas de poder cambiar en otras vidas, siendo que lo que no hagamos en esta, no lo podremos hacer nunca más. Muchos tratan de averiguar qué o quién ha sido en vidas pasadas, a través de videntes y distintos tipos de gurús que hacen regresiones mediante hipnosis y terapias enigmáticas y ampliamente peligrosas, descociendo que hemos sido creados directamente por Dios, y que en el momento de ser concebidos se nos infundió el aliento o soplo de vida a partir del cual comenzamos a existir. No nos dejemos confundir, después de la muerte del cuerpo viene la vida eterna del alma y es posible que deba pasar un tiempo en el purgatorio, el suficiente para expiar y reparar las culpas antes de llegar a la meta que es el Cielo.