Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

La paz, una utopía

Édgar Arrieta González
Édgar Arrieta González
Columnista
27 de mayo de 2025

Colombia anhela superar la corrupción y la violencia. El país busca la paz genuina y soluciones a problemas económicos y electorales. Se urge un fin civilizado al conflicto armado.

Por Édgar Arrieta González El inventario de problemas, y a veces podría decirse de seudoproblemas, que han ocupado a los colombianos desde finales del siglo pasado hasta la fecha, son muy extensos. Sin embargo, hay dos temas que los colombianos queremos ver superados: el de la corrupción y el de la violencia. Después del pacto entre liberales y conservadores muchos caminos se han propuesto y ensayado desde 1947 con escasos resultados. El país no confía en la capacidad de derrotar la violencia con represión en las negociaciones que algunos ven como concesiones a quienes han hecho la violencia y como preludios de nuevas violencias. Los colombianos pacíficos queremos que la paz se busque, pero que no sea con gestos teatrales, con declaraciones, plebiscitos o hechos simbólicos. “Que la paz que anuncian con sus palabras esté primero en sus corazones” San Francisco de Asís Entre los problemas que se redefinen constantemente están los económicos: se ha discutido bastante acerca de las relaciones entre desarrollo económico y equidad. Afirman que el desarrollo económico reducirá la desigualdad, mientras que otros sostienen que las distintas formas de acción del Estado para distribuir la riqueza o luchar unidos con la pobreza y desigualad es lo ideal. Otra situación preocupante es el funcionamiento del sistema electoral, urgen los mecanismos para hacerlo transparente, que se busque una solución para muchos de los llamados vicios de la política, denunciados hasta la saciedad (corrupción electoral, clientelismo, entre otros.) De manera definitiva, los colombianos esperamos un desenlace civilizado del conflicto armado que garantice la participación ciudadana sin temor a ser masacrados o asesinados y su final feliz contribuya a recuperar la autoestima del país, herido de modo crucial por los actos inhumanos que se han dado en las dos últimas décadas a lo largo y ancho de nuestra patria (falsos positivos, masacres, desapariciones, asesinatos, etc.). Es por ello necesario una concertación humanitaria entre las partes, si es posible, a este absurdo enfrentamiento que tiene secuestrado al país y nada justifica su continuidad, pues esta situación ha llegado a límites insospechados, afectando las relaciones y la convivencia interna, ya que nos hemos creado una mentalidad beligerante, de odio y temor, donde ha perdido valor la confianza y la verdad.