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Opinión

La paz total

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
18 de diciembre de 2022

El gobierno busca la paz, pero el autor cuestiona la exclusión de otros grupos. Critica la impunidad y la falta de justicia, destacando la discriminación en las condenas.

Por: Roberto Samur Esguerra. Cuando se habla de  una totalidad, se entiende algo que incluye a todas las partes del asunto a tratar. Y cuando se habla de paz, comprendemos que es una situación generalizada de no guerra interna o externa entre naciones. También, las tranquilas relaciones de amistad y de familia, todo ello exento de desavenencias y de odios. Hay quienes la definen como una virtud que “pone en el ánimo, tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y las pasiones”. Por eso resulta ilusorio, por decir lo menos, el título que el Gobierno le ha dado a su voluntad de lograrla solamente con los incontables grupos al margen de la ley, entre los cuales y con muchas dudas, solo el ELN podría merecer el estatus de insurgencia política en una salida negociada, en la que, es de suponer, se entregarán garantías no inferiores a las que se les dio a la Farc, por lo que nos espera es otra indigesta de impunidad, apenas tolerable por la expectativa de que se acaben tantos delitos atroces que comete ese grupo en nombre de una revolución anacrónica. Veremos, entonces, que así como las Farc reclamaron una reforma agraria que, por el contrario, debió ser una exigencia del Estado para que aquellas la dejaran implantar pacíficamente en los campos, ahora el ELN pretenderá una nueva Constitución para un cambio de régimen político. Los hechos de violencia con los que se ha recibido el anuncio de los diálogos, son la expresión de la verdadera voluntad de los grupos criminales, acerca de lo que nos espera en la mesa. Y las ilusiones del Gobierno deberían tornarse en una posición que permita el cumplimiento estricto de la ley, sin más concesiones que el sometimiento a la justicia ordinaria. Pero a lo que quiero referirme es a que el país no soporta más el trato discriminatorio que la “justicia” aplica, pues mientras que a los autores de los peores delitos, eventualmente se les obligaría a cuidar páramos y a sembrar hortalizas, a otros condenados a pesar de su inocencia o culpables de conductas graves, pero menores, se les dan las penas más altas posiblemente por error, temor, prejuicio o corrupción judicial, y no  obstante haber delinquido por una sola vez, en contraste con quienes llevan más de cincuenta años, repitiendo los mismos delitos, de manera sistemática, continua, premeditada, como de tracto  sucesivo, aumentados con atrocidad inenarrable. El presidente Petro ya comenzó a sacar de la cárcel a los de la ‘primera línea’. Deberá aplicarle también el perdón social  que anunció en la campaña, a todos aquellos que, desde la libertad, cumplan con  la no repetición que la propia ley estipula mediante la prohibición de ejercer cargos públicos y contratar con el Estado, y se comprometan a coadyuvar en el logro de una paz que nunca será total mientras subsistan elementos perturbadores que la inequidad y la iniquidad generan.