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Opinión

La Paz en Colombia: ¿Un Sueño Inalcanzable?

Jacobo Quessep
Jacobo Quessep
Columnista
4 de agosto de 2024

Tras una década, la Ley de Víctimas en Colombia busca la paz. ¿Ha cumplido sus objetivos? La violencia persiste, el crimen organizado se afianza y los jóvenes siguen en riesgo.

Por Jacobo Quessep Espinosa Desde hace más de una década, la Ley 1448 de 2011, conocida como la Ley de Justicia, Verdad y No Repetición, ha sido el pilar de los esfuerzos por alcanzar la paz en Colombia. Esta normativa, que surgió con el objetivo de reparar a las víctimas del conflicto armado y evitar la repetición de los hechos violentos, ha sido el fundamento de numerosos discursos y promesas sobre la tan anhelada paz. Pero, ¿realmente ha logrado cumplir con sus objetivos esta ley? Es indiscutible que los procesos de paz han tenido un impacto significativo en la dinámica del conflicto colombiano, pero no han generado paz; solo se ha logrado cambiar su metodología y hasta su ubicación geográfica. La guerra ha mutado, pero está presente; la violencia persiste. A pesar de los esfuerzos, el derramamiento de sangre continúa siendo una dolorosa realidad en muchas regiones del país. Hoy, más de diez años después de la implementación de la Ley 1448, es crucial evaluar si esta norma ha alcanzado sus metas. Por ejemplo, ¿todas las tierras despojadas por los grupos armados han sido devueltas a sus legítimos dueños? La respuesta, lamentablemente, no es tan optimista. Muchos territorios siguen bajo control de actores ilegales, y las comunidades desplazadas continúan luchando por recuperar lo que les pertenece. La persistencia del crimen organizado en los pueblos que fueron golpeados por el conflicto armado no ha encontrado la paz. El crimen organizado ha llenado el vacío dejado por los grupos guerrilleros, y la revictimización es una triste constante. Las noticias diarias confirman esta dolorosa realidad: siguen asesinando a líderes sociales, reclutando a jóvenes y coaccionando a comunidades enteras. El conflicto no ha terminado; simplemente ha cambiado de forma. Uno de los aspectos más preocupantes es el reclutamiento de jóvenes. En ciudades como Sincelejo, la falta de oportunidades y orientación académica y laboral ha llevado a muchos jóvenes a caer en las garras del crimen organizado. Estos jóvenes se convierten en carne de cañón para las estructuras criminales, perpetuando un ciclo de violencia que parece no tener fin. Es imperativo reconocer que el equilibrio de oportunidades es la mejor arma para combatir estos males. La educación y el empleo son fundamentales para ofrecer a los jóvenes una alternativa real al crimen. Sin acciones contundentes del Estado en estas áreas, el reclutamiento juvenil seguirá siendo una realidad devastadora. Para alcanzar la paz, es necesario realizar un balance honesto de lo que se ha logrado y lo que aún falta por hacer. La justicia es esencial, pero no suficiente. El Estado debe redoblar sus esfuerzos en brindar oportunidades educativas y laborales para que los jóvenes no se vean forzados a optar por el camino de la violencia. La paz en Colombia es posible, pero requiere un compromiso real y sostenido por parte de todos los sectores de la sociedad. Solo a través de un esfuerzo conjunto podremos transformar el sueño de la paz en una realidad duradera para las futuras generaciones.