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Opinión

La pared vacía

Susana Viera
Susana Viera
Columnista
20 de abril de 2025

En un mundo que nos insta a llenar vacíos, la paciencia se alza como virtud. Esperar lo auténtico, en lugar de conformarse, es un acto de sabiduría y amor propio.

Por Susana Viera Solemos apresurarnos a llenar nuestra vida con objetos, ideas, amores, compromisos, y todo aquello que nos dé la ilusión de que hemos alcanzado algo, de que hemos construido algo valioso. Pero ¿acaso no es más sabio dejarla vacía, esperar con paciencia, dejando espacio para lo que realmente importa? Yo siempre he preferido una pared vacía para esperar la pintura perfecta, esa obra de arte que sé que llegará, no por azar, sino por selección. Es fácil caer en la trampa de llenar los espacios vacíos de nuestra vida con lo que está disponible, con lo que parece suficiente, con lo que es cómodo. Pero la verdadera virtud reside en la paciencia de esperar lo que resuene con lo más profundo de nuestro ser, aquello que, al final, nos llena completamente. La sociedad nos incita a llenar vacíos con relaciones superficiales, a conformarnos con lo que nos ofrecen sin considerar si realmente lo deseamos, si lo necesitamos, si realmente afina con lo que somos. La espera no es un castigo; es un acto de confianza, de sabiduría, de amor propio. La vida nos empuja constantemente a tomar decisiones rápidas, a llenar los vacíos de nuestro ser con lo que está al frente. Pero como afirmaba Nietzsche, “quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”. Vivir de acuerdo con nuestros valores más profundos, nuestra verdadera esencia, es un acto de valentía. No se trata de conformarse con lo que se presenta, sino de esperar, de tener la convicción de que lo que está destinado a nosotros llegará cuando esté en su momento justo. Y ese momento no es dictado por la urgencia de la sociedad, sino por la sabiduría interna que nos guía. La paciencia no es una pasividad resignada, sino una confianza activa en lo que está por venir. Kierkegaard afirmaba que "la vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero debe ser vivida mirando hacia adelante". No se trata de esperar sin hacer nada, sino de prepararnos, de crecer, de estar listos para recibir lo que está destinado a ocupar nuestro espacio. En ese vacío, en esa espera, hay sabiduría y una profunda aceptación del momento presente. A veces, la lección más grande es dejar que la pared siga vacía, que el tiempo pase, que las distracciones del mundo se desvanezcan. Cuando llegue lo que está destinado a nosotros, lo reconoceremos por su autenticidad, por la paz que nos trae, por la certeza de que esa obra, esa relación, esa decisión, estaba ahí esperando en el horizonte, cuando estuviéramos listos para verla.