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Opinión

La oración de cada día

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
14 de diciembre de 2024

La oración, un diálogo espiritual, requiere alineación de pensamiento, emoción e intención. Evitar la dispersión y la queja es clave para una conexión genuina.

Por Olga Bustamante Madrid Todas las personas oramos pretendiendo siempre ser escuchados. En ocasiones con alegría dando gracias. A veces en medio de una inmensa frustración y desesperanza. Sin importar la motivación, toda plegaria debe fluir hacia su destinatario final,-el mundo espiritual-, alineando las frecuencias del pensamiento, la emoción y la intención. No son palabras vacías. Siempre con la mirada al interior, llenos de luz, silencio y absoluta confianza. Me explico: Pienso A – Siento A – Intención A… Miremos un ejemplo: A.) Pensamiento claro: ‘Señor, que no me falte la estabilidad laboral’. A.) Siento la emoción clara de estar siendo escuchada, de estar recibiendo la oportunidad de un trabajo continuo, agradable y duradero. Agradeciendo con alegría el amor perfecto del Creador y su voluntad protectora. A.) Intención clara: Proteger el bienestar y la seguridad de la familia. La oración dispersa: Pienso: A Siento B Intención C Un ejemplo sería: A) Pienso ‘Necesito un trabajo bien remunerado’…pero… B) Siento pereza al imaginarme el tener que madrugar y… Señor…No seas sordo… ¡Yo que soy tan bondadoso! C) Intención: un trabajo con condiciones… ¡ese no! queda lejos. Y la oración aquella que hacen un alto porcentaje de personas, solo bla, bla, bla, nada de corazón: -Tengo que rezar rápido… ‘Dios te salve Maria…’ - Oscar tráeme la pastilla… ‘Gloria al padre…’ –Comí mucho no voy a poder dormir ‘Padre nuestro…’ - ¿Cuál es el quinto misterio?... –Me voy a perder la novela… -‘…ahora y en la hora de…’ Grito…-¡Búscalo bien, yo lo puse ahí!... ‘En el nombre del padre…Amén’ – Ufff por fin. Y quizá la peor manera de dirigirse a Dios, es aquella donde lo culpo de todo. – ¡Señor! ¿Tú dónde estabas cuándo…? Y le narro nuevamente la historia con pelos y señales. Y le ordeno que me ayude… ¡Yo no me merezco eso! Y nos quejamos de que no nos escuchan. Se nos olvida que nos estamos dirigiendo -no a un par de carne y hueso como nosotros-. Nos falta creer de verdad, sentir de verdad. No hemos entendido, que ese mundo paralelo es real, cercano y maravilloso, no es un cuento de hadas. No basta con saberse los capítulos, versículos de la biblia, oraciones largas o cortas… Tener humildad y confianza plena en un Ser inmenso y sabio que habita en nuestro corazón. Que no está distante. No es castigador, ni indiferente. Debemos equilibrar pensamiento, emoción e intención…entonces lograremos conexión con nuestro Padre Madre, Amigo, Maestro…