
La Navidad del alma

La navidad no son solo luces de neón perecederas. Cuando así se vive esta fecha que podría ser monumentalmente bella para el alma, solo recordaremos el juguete que costó demasiado, o la cena que pudo ser mejor < como la de fulanita>, o lo cansada que estuve atendiendo tanta gente.
Por Olga Lucia Bustamante Madrid La navidad no son solo luces de neón perecederas. Cuando así se vive esta fecha que podría ser monumentalmente bella para el alma, solo recordaremos el juguete que costó demasiado, o la cena que pudo ser mejor < como la de fulanita>, o lo cansada que estuve atendiendo tanta gente. Cuando son sentimientos que corresponden al alma se recuerda lo bello de las cosas sencillas: todos celebrando un detalle gracioso de los niños, o el abrazo agradecido por esa reunión tan calurosa, los recuerdos de la niñez, los platos deliciosos de la abuela, las anécdotas repetidas tantas veces por el abuelo, las carcajadas desmedidas, los chistes flojos, es descache de algún desprevenido, Aquello que toca las fibras del alma, como celebrar el nacimiento del niño Jesús, esos seres cargados de enseñanzas y amor para el mundo, podemos exaltar la vida. Hay que creer que ésta es lo suficientemente importante para merecer ser vivida. Cuando la navidad huele a casa y suena a risas sinceras con un pesebre que enaltece la compañía espiritual de seres protectores, sanadores y maestros, no se olvidará, aunque pasen los años. Esos sentimientos del corazón serán el ancla para que permanezca hasta la posteridad. La magia en la existencia humana no está en lo que podemos palpar, quebrarse, rayarse o robarse, guardado bajo llave o en una caja fuerte con clave de seguridad. Está en lo que podemos ‘sentir’, aquello que guardamos donde otros no tienen acceso, y son sentimientos que duran por siempre y para siempre. Aun en la adultez se pueden revivir con igual intensidad con solo evocarlos. El mundo ha olvidado el camino fácil y sencillo. La publicidad y la IA nos venden un mundo ficticio que no podemos palparlo ni apropiarnos de él, son imágenes que aparecen y desaparecen al encender o apagar un aparato. La mal llamada civilización ha usurpado los sentimientos y los ha mutado hacia fines netamente lucrativos y obsesivos. La sensibilidad es un don dulce y tierno cargado de afecto, una sensación suave de alegría que estremece el alma. Quien no reconozca esta emoción, puede descubrirla en sí mismo con solo observar algún detalle hermoso que incluya sinceridad, sonrisas, amabilidad, ternura, frescura, sencillez y agradecimiento. En el día a día estos momentos se dan, solo falta hacerlos conscientes para disfrutarlos y guardarlos en un rinconcito del corazón.