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Opinión

La Mojana, siempre la Mojana

Luis Paternina Amaya
Luis Paternina Amaya
Columnista
14 de abril de 2024

La región colombiana sufre inundaciones y sequías, afectando su economía. A pesar de estudios y promesas, los ríos se sedimentan y contaminan. Líderes cívicos claman por soluciones urgentes.

Por. Luís Paternina Amaya Que cuando no está mojada(inundada), se está secando. Extremos que le propinan un sensible golpe a su economía pastoril, ganadera y agrícola. Para superar ambas realidades se han realizado cualquier cantidad de estudios, principalmente para salvar la cuenca hidrográfica del Cauca y el Magdalena, de la que desde hace más de cinco décadas se viene advirtiendo de su sedimentación, tal como lo editorializó El Espectador en 1976 cuando calificó el asunto de "progresiva y alarmante degradación", sentenciado que "todo está estudiado, pero nada se hace ni se ha hecho para tejer la solución. Y a renglón seguido retratar la eterna realidad viviendo "semanas o meses entre devastaciones por excesos incontrolables de sus aguas, o por escasez absoluta de las mismas. Ni navegación regular y segura en una ni en otras y, de contera, más y más degradación de sus lechos y orillas ya de por sí centenariamente castigadas por la desforestación y, en los tiempos más modernos, por el flujo a sus corrientes de desperdicios no biodegradables", convirtiendo a la potencial reserva agrícola de Colombia en una cloaca del rio Bogotá, como lo insinúa el editorialista. Tan patética realidad se advierte hoy igual como hace 48 años cuando lo hizo el diario capitalino al comentar algunas observaciones formuladas por el senador de entonces Apolinar Días Callejas sobre el mismo tema, así como se refería a los estudios y recomendaciones de la Comisión Colombo holandesa, encontrándonos en el presente con las mismas incertidumbres de soportar, sino calamitosas inundaciones, prolongadas sequías que en tiempos del socialismo del siglo 21, de Pactos Históricos y de muchas promesas esperanzadoras con la necesidad de que se cumplan, adornadas con el lenguaje que arde en ilusiones, los ríos siguen sedimentándose, contaminándose y abriendo boquetes para inundar extensas superficies ahogando cultivos, ganado y animales de corral, dejando en el alma de los nativos la tristeza por la crisis que sobreviene incluidas el hambre y la ruina, solo complacidos con la imaginación como único recurso, cuando le asignan nombres exóticos a las troneras por donde rompen los ríos que bautizan llamándolas "Boca del Cura", "Cara de Gato" o "Boca de las Mujeres", graciosos nombres que hacen de sus presentes un vivir menos hostigante. Frente a la cascada de noticias que se van sucediendo sin que una cumpla su tránsito cuando la otra se le viene encima, no surge la esperanzadora propuesta que intervenga las dificultades que sufren los habitantes de la región más estudiada de Colombia y quién sabe si del mundo, hasta que, por fin, se superen para gloria y bienestar de Sucre y Colombia. Oteo muy lejos que esta posibilidad se acerque ante el fluir de ideas y acciones que nacidas del gobierno y combatidas por la oposición, nos seguirán distrayendo en unas interminables discusiones que se alimentarán con más y más propuestas que se quedan colgadas de las palabras sin que se aterrice ninguna que encarne soluciones. Sin embargo, ante la seguidilla de ideas que continúan dándonos de lo mismo y con los problemas muertos de la risa, los líderes cívicos de aquel país de las aguas, no deben silenciarse, aunque en veces la impotencia los desanime a pesar de seguir nadando en las procelosas aguas del invierno y galopando en la sequía del verano. Quedarse en la contemplación del paisaje seria renunciar a su justo reclamo. Su voz debe seguir sonando hasta que la escuchen en los palacios y el eco la devuelva convertida en progreso, como siempre lo ha entendido el líder cívico de La Mojana Rodrigo García con su indeclinable decisión de seguir gritando porque el olvido no se predique de tan hermosa región, potencialmente generadora de riqueza, alimento y bienestar para los departamentos de Sucre, Córdoba, Bolívar y Antioquia. Qué gran oportunidad está ofreciendo este verano, para que, por lo menos, se cierren todas las bocas que siguen siendo mensajera de ruina y tristeza.