
La misión de ser conscientes

Cada acción, pensamiento y sentimiento moldea nuestro futuro y el de otros. La responsabilidad individual es clave para una misión personal sólida, base del bien común.
Por Olga Lucía Bustamante Todos los días nos levantamos con algo importante o rutinario por hacer, un objetivo por lograr, una actividad por concluir. Es un encargo o labor que le da sentido a la existencia. Desde muy temprano, debemos comenzar a enterarnos, de que, lo que hagamos, pensemos o sintamos es causal de nuestro mañana, y tangencialmente del futuro de otros. Somos una unidad conformada por un cuerpo visible, pensamientos inestables e influenciables y sentimientos o emociones fluctuantes e indecisas, que conforman un ser potencialmente inmenso, insondable e impreciso, con alcances asombrosos o vulgares. Enorme es la responsabilidad que tiene cada persona que habita la faz de la tierra, para llevar a cabo su misión, primero personal, con derivaciones e influencias en vidas ajenas. Si falla la misión o compromiso con uno mismo, es imposible llevar a cabo cualquier propósito loable extensivo a segundos o terceros. Las bases deben estar levantadas sobre cimientos firmes y claros. Cualquier inconsistencia, maleabilidad o indecisión, debilita su fuerza. Por ello es indispensable desarrollar durante el crecimiento, el pensamiento de opinión, consciente; que sepa elogiar y distinguir lo bueno con sus alcances, o desaprobar lo mediocre, para evitar sus consecuencias funestas. Dice un refrán “La conciencia es, a la vez, testigo, fiscal y juez.” En el orden establecido en forma natural, los primeros años de la vida son para apilar condiciones que marcarán caminos. Para adquirir claridad, hay que estar rodeado de ella. El suelo donde se apoyan y anclan las raíces de los sentimientos, del entendimiento y del conocimiento, debe ser lo suficientemente fértil y nutrido para regalar sus riquezas. De lo contrario no tendrá nada que aportar, y los resultados serán insuficientes, y más temprano que tarde saldrán a la luz, para torpedear o diezmar todo a su paso. Séneca tenía este concepto: “La buena conciencia admite testigos; la malvada se agita y se conturba aún en la soledad.” Las sociedades del mundo son un reflejo de firmezas y congruencias, o por el contrario de inconsistencias e instrucciones necias, mantenidas de generación en generación. Y con ellas se ha escrito la historia de muchas culturas. Millones de años documentando y redactando lo conveniente e inconveniente para la subsistencia, sin poder aun esculpir y moldear en la conciencia humana, las practicas convenientes e inconvenientes. “La conciencia sólo puede existir de una manera, y es teniendo conciencia de que existe.” Jean Paul Sartre