
La gracia de San José

En un congreso en Georgia, se profundiza en la vida de San José, modelo de fe y protector. Su ejemplo de humildad y obediencia sigue vigente en tiempos de crisis.
Por Selma Samur de Heenan Hoy, mientras ustedes leen está columna, estaré participando de la clausura de un Congreso en honor a San José, que se realiza en Conyers, Georgia - USA., con el principal propósito de profundizar en la vida del Santo Patriarca, en sus atributos y en la misión excepcional que Dios le confió. Como Padre putativo de Jesús, se le ha representado con el silencio, pero su grandeza ha brillado con luz propia. No en vano es llamado “el santo entre los santos”. San José es el hombre al que Dios encomendó lo más sagrado: su Hijo y su Madre. Ninguna otra criatura ha recibido semejante misión. Para cumplirla con fidelidad absoluta, fue bendecido con una fe inquebrantable, una pureza excepcional, una obediencia a toda prueba, una humildad profunda y todas las demás virtudes. Entre los dones que Dios le otorgó, está el ser patrono de la Iglesia Universal, protector de las familias, modelo de los trabajadores y auxilio de los moribundos. Su intercesión ha obrado incontables milagros a lo largo de la historia, desde la protección de hogares y el sustento de quienes confían en él, hasta sanaciones inexplicables y conversiones profundas. Es llamado el “terror de los demonios” porque su pureza y su obediencia a Dios son armas poderosas contra el mal. De él han dicho: “A otros santos parece que Dios les ha dado gracia para socorrer en una necesidad, pero a este glorioso Santo, tengo experimentado que socorre en todas”. “Debemos estar convencidos de que el mismo Jesucristo considera todo lo que hacemos en honor de San José como si lo hiciéramos a él mismo”. En tiempos de crisis, de incertidumbre, de dificultades familiares o laborales, San José sigue siendo el modelo y el protector que necesitamos. Su ejemplo nos enseña que la santidad no está en el ruido ni en la ostentación, sino en la fidelidad diaria, en la confianza absoluta en Dios, en la entrega silenciosa y constante. Quien se refugia en San José encuentra paz, quien le confía sus problemas halla soluciones, quien lo invoca con fe, experimentará su poderosa intercesión. La principal gracia que recibió San José es haber sido elegido por Dios para que fuera quien lo recibiera, cargara, educara y protegiera en la tierra. Pidámosle su intercesión, en especial por las necesidades de nuestras familias para que lléguenos a ser iglesias domésticas.