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Opinión

La Fiesta de la Luz

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
2 de febrero de 2025

Hoy, la Iglesia Católica celebra la Presentación del Señor, conocida como la Candelaria. Una festividad que conmemora a Cristo, la luz del mundo, y la devoción a la Virgen María.

Por Selma Samur de Heenan Hoy, dos de febrero, la Iglesia Católica conmemora la Presentación del Señor, también conocida como la Festividad de la Candelaria. Esta jornada, que tiene lugar cuarenta días después de la Navidad, nos invita a meditar sobre Cristo como la persona que ilumina las tinieblas. El Evangelio según San Lucas narra cómo María y José llevaron al niño Jesús al templo, cumpliendo con la Ley de Moisés. En ese lugar, Simeón, un hombre justo y piadoso, proclamó: "Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto tu salvación, luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel". La figura de Cristo como luz del mundo es el centro de esta celebración. Por ello, es tradicional bendecir velas, que representan su presencia en nuestra existencia. Además, en este día exaltamos a la Virgen María de la Candelaria. En muchas comunidades alrededor del mundo, la Fiesta de la Candelaria se celebra con procesiones, misas solemnes y actos culturales llenos de simbolismo. Las velas encendidas no solo iluminan los templos, sino también los corazones de los fieles, recordándonos que estamos llamados a ser fuente de claridad para los demás. Cada llama simboliza la esperanza y la fe que debemos llevar a quienes nos rodean, especialmente en tiempos de adversidad. Este día también nos invita a reflexionar sobre la humildad y la obediencia de María y José, quienes, a pesar de ser los padres del Hijo de Dios, se sometieron a las tradiciones y leyes de su tiempo. Su ejemplo nos inspira a vivir con sencillez y a apreciar el valor de las pequeñas acciones cotidianas. La devoción a la Virgen de la Candelaria, en particular, se manifiesta con especial fervor en países de América Latina, donde las celebraciones adquieren un carácter festivo y comunitario. Esta advocación mariana nos recuerda que María siempre está presente, guiándonos hacia su Hijo. Este domingo, al encender una vela o participar en las celebraciones tradicionales de nuestra parroquia, recordemos que estamos llamados a ser reflejo de ese fulgor divino. Que con las palabras y acciones seamos testimonio del amor de Cristo, iluminando el camino de quienes más lo necesitan. Al igual que Simeón, abramos los ojos para reconocer la salvación que nos ha sido dada, y permitamos que ese destello transforme definitivamente nuestras vidas.