
La excepción como estrategia

Introducir excepciones a una regla general, ha sido la estrategia para abrir puertas legales o sociales a nefastos cambios estructurales promovidos por lo que han llamado el progresismo.
Por Selma Samur de Heenan Introducir excepciones a una regla general, ha sido la estrategia para abrir puertas legales o sociales a nefastos cambios estructurales promovidos por lo que han llamado el progresismo. Aceptar el aborto excepcionalmente en tres casos, nos condujo al infanticidio o sea la posibilidad de matar al bebé en el momento del parto natural. Lo mismo ocurrió con el divorcio: primero, en casos muy graves; luego, cuando el amor “se acaba”, y más tarde, con leyes que permiten disolver el vínculo sin necesidad de causa. La indisolubilidad del matrimonio, como base de la familia, se convirtió en un ideal opcional, cuando no en una rareza. Con la eutanasia, el relato se armó en torno al “sufrimiento insoportable”. Al inicio se exigieron criterios muy estrictos para garantizar que no se abusara de la ley. Pero bastó con aceptarlo para que el concepto de sufrimiento se ampliara y dejara de ser solo físico, para incluir el psicológico, emocional, existencial. Hay países donde se aplica la eutanasia a personas con depresión, autismo o simplemente “cansadas de vivir”. Ahora, el nuevo frente es el cuerpo humano. Las operaciones de cambio de sexo, en teoría, solo se aplicarían a quienes experimentan una disforia grave, con riesgo de suicidio. Pero ya se vislumbra la dirección que ha tomado ese relato, porque para muchos ya es un “derecho”, incluso para menores de edad, sin necesidad de autorización de sus padres y sin diagnóstico clínico. Es siempre la misma fórmula. Se justifica lo inaceptable con una excepción conmovedora, con una historia trágica a la que es difícil oponerse. Luego se crea una normativa compasiva que pasa a ser generalizada como derecho que finalmente se impone como obligación social. Lo que antes era delito se vuelve opción válida, recomendable, y por último, intocable. Quien se opone es señalado como insensible, retrógrado o cruel. ¿Dónde terminará esta espiral? Cuando ya no quede verdad objetiva, ni pecado, ni virtud. Cuando no rija la ley natural ni el Evangelio, sino la emoción, la presión ideológica y el relato dominante. Nos hacen como a la rana que ponen en una olla con agua al clima y poco a poco mientras ella se va sintiendo a gusto, le aumentan al fuego y cuando menos lo piensa, ya está cocida. La excepción a la regla, cuando se vuelve costumbre, es una trampa que nos destruye individualmente, como familia y sociedad.