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Opinión

La Eutanasia

Redacción M.C.
Redacción M.C.
Columnista
16 de febrero de 2025

La eutanasia, vista como compasión, contradice valores cristianos. Casos como el de Miguel Parrondo y Antonia Cabrera demuestran el valor de la vida y la fe.

Por Selma Samur de Heenan El sufrimiento parece no tener cabida cuando sobreestimamos el facilismo, la comodidad y la inmediatez. Muchas situaciones eminentemente negativas y contrarias a los valores morales, son fomentadas con una visión distorsionada de la realidad. Así lo es la eutanasia, que presentada como un acto de compasión se ha convertido en una solución aparentemente razonable para quienes enfrentan enfermedades terminales o dolores insoportables. Sin embargo, desde la perspectiva cristiana, esta práctica contradice profundamente el sentido de la vida y la voluntad de Dios. En algunos casos, cuando un pariente entra en coma, sus familiares, enfrentados al problema y a la incertidumbre, consideran desconectarlo de los soportes vitales como una salida rápida. Esta decisión puede parecer justificada desde una óptica pragmática, pero para quienes conocen el Evangelio, la vida es un bien inviolable que debe ser protegido hasta la muerte natural. En lugar de pensar en la desconexión, el camino a seguir es el de la oración y el acompañamiento espiritual, que se convierten en fuente de fortaleza para perseverar en la prueba y unirnos a Jesucristo, que sufrió primero por nosotros. Los testimonios de personas que han superado esos momentos de desesperación nos confirman esta verdad. Un ejemplo notable lo encontramos en Miguel Parrondo, quien, tras un accidente automovilístico en 1987, permaneció en coma durante quince años y despertó restablecido en 2002. Su padre, profundamente católico, se negó a desconectarlo, afirmando que “la vida solo la puede quitar Dios”. Otro caso es el de Antonia Cabrera, una adolescente chilena que, al sufrir un derrame cerebral en abril de 2012, quedó en coma. Los médicos diagnosticaron un desenlace fatal que era mejor anticipar, pero su familia desestimó la sugerencia e inició una cadena de oración a través de las redes sociales. Contra todo pronóstico, Antonia se recuperó. La eutanasia no solo acaba con el padecimiento; también elimina al paciente. Lo que necesitamos no es acelerar la muerte, sino acompañar con amor y serenidad a quienes sufren. La verdadera compasión está en caminar con ellos, ayudándolos a descubrir que nuestra existencia, incluso en el dolor, tiene un valor incalculable. Como creyentes, estamos llamados a recordar que los padecimientos, aunque difíciles de aceptar, tienen un profundo significado redentor. Además, debemos ser defensores de la vida en todas sus etapas, confiando en que Dios es quien tiene la última palabra sobre nuestra permanencia en la tierra antes de partir hacia la patria eterna.