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Opinión

La esperanza cansada

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
16 de noviembre de 2025

La esperanza se siente lejana en ciertos días. No siempre surgen grandes tragedias. Muchas veces basta con la rutina, los problemas que se acumulan, los proyectos que avanzan lentamente y las decisiones...

Por: Selma Samur de Heenan “Pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; levantarán alas como las águilas.” Isaías 40, 31 La esperanza se siente lejana en ciertos días. No siempre surgen grandes tragedias. Muchas veces basta con la rutina, los problemas que se acumulan, los proyectos que avanzan lentamente y las decisiones que no salen como esperábamos. Incluso las personas con fe llegamos a sentir el desgaste de seguir perseverando, al preguntarnos cómo sostener la confianza en Dios cuando los resultados tardan en mostrarse. Mantener la esperanza requiere de nuestro esfuerzo para poder continuar adelante a pesar del cansancio, y de avanzar aunque los obstáculos se acumulen y las fuerzas flaqueen. En medio de nuestra cotidianidad nos encontramos impotentes ante absurdos que desafían la lógica; normas que todo lo complican; reglas contradictorias, y decisiones de quienes deberían guiarnos que parecen hechas para hacernos daño. La falta de coherencia y de sentido común de los líderes, desalienta a toda una comunidad, erosiona la tranquilidad y puede ocasionar una depresión colectiva que se proyecta de distintas maneras: aumento en la delincuencia, en las crisis familiares, en los suicidios, en los consumos de alcohol y drogas, etc. Frente a cualquier panorama desolador que vivamos, es imperativo que decidamos persistir actuando con integridad, manteniendo la dirección correcta y buscando soluciones aunque los caminos estén llenos de contradicciones. La esperanza la podemos alimentar, porque no debería depender de las señales externas ni de resultados inmediatos, sino de nuestra fuerza interior y de la convicción de que no estamos solos, que Dios siempre está a una oración de distancia. Al ponerlo a cargo de nuestras circunstancias, entre las dificultades surgirán pequeñas luces como gestos de solidaridad, decisiones justas, palabras que reconcilian, llamadas sorpresivas, cambios de rumbo, que aunque no transforman el panorama de inmediato, nos permiten avanzar y sostener la confianza que, luego de sentirse tenue, discreta, casi invisible, va haciéndose cada vez más viva. La fortaleza aparece al levantarnos cada día, cumpliendo con lo que es posible, buscando aquello que nos refuerce positivamente, poniendo todo en manos de Dios. También nos puede ayudar mucho, conocer testimonios de personas que han pasado por situaciones parecidas a las que estamos atravesando, porque ellos dan alivio a nuestra esperanza cansada. “Mi gracia es suficiente para ti, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” 2 Corintios 12, 9