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Opinión

La esencia mágica de los carnavales

Samuel Morales Turizo
Samuel Morales Turizo
Columnista
9 de febrero de 2024

El carnaval, con raíces en culturas antiguas, celebra la transgresión y la alegría. Sus orígenes se remontan a fiestas sumerias y griegas, evolucionando hasta los desfiles actuales.

Por Samuel Morales Turizo Los registros del verdadero origen del carnaval datan de 5.000 años atrás entre poblaciones sumerias y egipcias. Para los sumerios era importante expulsar a los malos espíritus de las cosechas con una gran fiesta. Ahora bien, el porqué del carnaval y sus festejos en los meses de febrero y marzo así como el uso de disfraces, se remontan a los Imperios romano y griego. Creo que la palabra más exacta para traducir la esencia de los carnavales es esta: Currus Narvalis. Este carro naval hacía un bello paseo romántico en barco con ruedas. Llevaba como pasajeros hombres y mujeres con máscaras. Al son de la música bullanguera, bailaban, cantaban sátiras contra todos – sobre todo contra las autoridades. En el Imperio romano durante los carnavales, predominaba el desorden civil, no habían unas medidas tan duras y estrictas contra los desenfrenos morales. No se prohibía nada durante estos días. Todo estaba permitido. Los carnavales de Río de Janeiro, de Barranquilla, la exaltación del cuerpo aparece como un exorno fundamental. Actualmente el carnaval combina elementos tales como disfraces, desfiles, orquestas y grupos que amenizan las fiestas en las calles. Su característica es por ser un periodo de permisividad y cierto descontrol. Imaginarnos al caribeño sin su identidad festiva es imposible, el hombre y la mujer de este territorio, le acompaña en su cuerpo y su espíritu la música, lo mágico y un humor fascinante que no lo posee ninguna otra región. El caribeño es frentero, se disfraza, bebe ron, baila, le echan maicena, todo lo que realiza es con entusiasmo, tolerancia, solidaridad sin prejuicio de ninguna clase. Muchos escritores e investigadores se han dedicado a escrudiñar sobre estos festejos, entre ellos sobresale, Edgar Rey Sinnign, en su libro titulado: “El carnaval, la segunda vida del pueblo”. Señala en un pequeño párrafo lo siguiente: “Ponerse una máscara o disfrazarse de gato, de mujer, de gay, de literato, de deportista. Son manifestaciones individuales o colectivas de seres que desean así sea por un corto tiempo, ser otro el que realmente hubiera querido ser”. Esta es una demostración evidente en donde el carnaval permite el desdoblamiento de las personas.