
La dopamina

La dopamina es una sustancia que el cerebro produce de forma natural, y se activa cuando sentimos placer por algo que nos motiva o que nos gusta.
Por Selma Heenan de Heenan La dopamina es una sustancia que el cerebro produce de forma natural, y se activa cuando sentimos placer por algo que nos motiva o que nos gusta. También es el trasfondo de las adicciones, porque con ella se pueden alcanzar altas dosis de gratificación. Desde el alcohol, la droga o el juego, hasta el exceso de comida, el sexo desordenado o la necesidad constante de aprobación. En todos esos casos, lo que se busca, sin saberlo, es volver a sentir esa descarga interna que el cuerpo interpreta como bienestar, aunque poco a poco nos va esclavizando. El uso compulsivo del celular, especialmente en redes sociales, es una práctica que hemos normalizado, pero que tiene efectos parecidos a los de otras dependencias. Basta un movimiento del dedo para ingresar a un mundo que entretiene, distrae y engancha. Ese simple gesto, repetido una y otra vez, debilita la voluntad, y sin darnos cuenta, vamos saltando de contenido en contenido, quedándonos atrapados por estímulos constantes. Cuando volvemos a mirar el reloj, han pasado horas, de las que no recordamos nada útil y provechoso, ni hacemos conciencia de lo alejados que estuvimos del momento presente, que es lo que realmente nos debería importar. En ese tiempo que se nos va mirando la pantalla, hay muchas cosas valiosas que quedan descuidadas. Una conversación que se enfría. Un niño que esperaba ser escuchado o atendido. Un pensamiento que no terminamos de desarrollar. Un momento de gracia especial. Una oración a Dios, que no hicimos. Un dispositivo tecnológico no es malo por sí mismo, porque a través de él podemos aprender y desarrollar muchas ideas. Pero existe un alto riesgo de que dejemos a un lado sus beneficios para caer en el vicio inútil que nos absorbe. Creo que es prudente que asumamos que nadie está exento o inmune de caer en la tentación y quedar atrapado bajo los efectos desastrosos del entorno digital y de su efímero, mentiroso y superficial atractivo. Escuchemos esa voz de alerta que nos dice que podemos llegar a tener un problema. Miremos cuánto le estamos entregando a ese espacio y de qué manera nos está afectando en el trato con Dios, con la familia y con nosotros mismos. Todos necesitamos silencio, oración, contacto real con las personas que nos rodean y aman. Esa es la mejor fuente de dopamina.