
La Dolce Vita

Explora la búsqueda de la "vida dulce" contrastando perspectivas. Analiza la visión de Abelardo de la Espriella y la realidad de la mayoría, cuestionando la accesibilidad del gozo vital.
Por Susana Viera ¿Qué significa una vida dulce? Podríamos encontrar miles de respuestas, pero mencionaré especialmente dos: la de Abelardo de la Espriella y la mía, y parafrasearé algunas posturas que han capturado mi atención. Lo primero que debemos decir es que un nuevo año no cambia radicalmente nuestras vidas, especialmente cuando en ellas no hay suspensión ni interrupción, como ocurre en los términos procesales. No retomamos la vida cada año, cada ciclo. La vida es continua, y solo cambia cuando tomamos decisiones que nos permitan construir hábitos, forjar el carácter y materializar nuestros propósitos. Es fácil contemplar la estocada y la sangre en la arena cuando uno no es ni toro ni torero. El sufrimiento y el dolor deberían, al igual que las corridas taurinas, ser prohibidos para la humanidad. Sin embargo, estamos dotados de lagrimales y de un umbral para el dolor, y no emplearlos parece casi sobrenatural. En lo que respecta a los asuntos humanos, prefiero los gozos a los dolores. Sin embargo, como el sufrimiento es una parte inherente de la vida, debemos aprender a domesticarnos a través de principios como el discernimiento, la resiliencia y el temor a Dios. De la Espriella sostiene, respecto a las cosas esenciales de la vida, que “lo importante es la cultura, los afectos reales, la buena mesa, el conocimiento, y si prefieres un carro o una cartera sobre lo fundamental, estás liquidado”. Luego remata diciendo que, aunque puede vivir sin relojes, yates y esos adminículos, no podría hacerlo sin arte, cultura y buena mesa. Y, en ese caso, preferiría morir. ¿Son estas palabras una muestra de hipocresía para disfrutar de la Dolce Vita desde las alturas? ¿Están cargadas de verdad y convicción? ¿O son solo fanfarronería? La pregunta es: ¿cómo se puede hacer accesible o democrático todo ese goce vital? Después de la buena salud y la señal de la cruz, nos encontramos con que el 97% de los colombianos se debate entre un salario justo para sobrevivir y el trabajo informal, para no lamentarse de sus dificultades. Mientras tanto, el 3% restante puede permitirse concebir la vida a la manera De la Espriella. El dolor y la pobreza han sido retratados a lo largo de todos los estilos artísticos. Un ejemplo de ello es Los pobres agradecidos, de Henry Ossawa Tanner (1894) y El grito de Edvard Munch (1893). Para aprender sobre arte, basta con explorar Google, pero para realmente apreciarlas, es necesario viajar a Estados Unidos y Noruega. Recordemos una máxima de Aristóteles: “El pensamiento condiciona la acción, la acción determina el comportamiento, el comportamiento repetido crea hábitos, el hábito estructura el carácter y el carácter marca el destino”. Tras la fallida y pintoresca promesa de una vida sabrosa, es necesario entender que la Dolce Vita no es un destino popular, sino personal, especialmente cuando se comprende el significado de Proverbios 10:4: “La mano negligente empobrece, pero la mano de los diligentes enriquece”.