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Opinión

La discriminacion: sobrepasa al delito.

Samuel Morales Turizo
Samuel Morales Turizo
Columnista
6 de febrero de 2026

La discriminación inquieta a los organismos públicos de los países en una democracia participativa ya que debilita el tejido y la cohesión social.

La discriminación inquieta a los organismos públicos de los países en una democracia participativa ya que debilita el tejido y la cohesión social. La discriminación ataca el corazón mismo de lo que significa ser humano. Discriminar es dañar los derechos de alguien simplemente por ser quien es. La Discriminación es nociva y perpetua la desigualdad. En muchas partes del mundo, las políticas de la culpa y el miedo están en auge. La intolerancia, la envidia, el odio y la Discriminación causan una fractura cada vez mayor en las sociedades. Las autoridades policivas pueden incluso considerar que ciertos grupos tienen más probabilidad de delinquir por el mero hecho de ser quienes son, como los pobres, los indígenas o los negros. La discriminación sistemática y racismo lo genera el estado y sus autoridades. Esta discriminación se manifiesta de distintas maneras, por ejemplo en Colombia: a las personas de raza negra, a los indios, se les realizan interrogatorios frecuentes por la policía uniformada, así mismo le piden una y dos veces documentación. Esto denota una sociedad atrapada en los prejuicios. También es importante visibilizar la discriminación laboral, trato injusto en el trabajo que puede basarse en la raza o por estar embarazada. Sería necesario anexar la lucha contra la discriminación, a la lucha contra desigualdades económicas y sociales. Lo anterior se plasma, en una orientación relativamente general en las ciencias sociales y humanas, consiste en explicar los prejuicios a través de factores negativos. Los estereotipos sirven de base a los prejuicios y estos últimos tienden a exteriorizarse en comportamientos negativos designados bajo el término de discriminación. El habla no es inocente y las palabras a veces consientes o inconscientes, están cargadas de dolor y agresión. No podemos volver la espalda a esta realidad que es perpetuar lo real, por ejemplo: gritar a una persona prieta, indio o pordiosero. La discriminación es peor que un delito por que destruye la parte afectiva. Las personas que patrocinan la discriminación tienen una mente atrasada, parece que estuvieran viviendo el siglo XVI. Hoy en pleno siglo XXI hemos avanzado mucho, esa palabra valiosa que todos aceptamos es la inclusión, acompañada de amor y alegría.