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Opinión

La conectividad digital en Colombia: una transformación incompleta

Juan Carlos Cobo Gómez
Juan Carlos Cobo Gómez
Columnista
19 de mayo de 2026

Colombia está cambiando rápidamente, según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida (ECV) 2025 del Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Los hogares son más pequeños: pasamos de 3,10 personas por hogar en promedio en 2019 a 2,82 en 2025. Además, el 73,9% de los hogares ya tiene acceso a internet, el uso del celular alcanzó el 91,9% de la población y el 82,3% de las personas mayores de cinco años utiliza internet. La digitalización empezó a modificar la forma en que trabajamos, estudiamos, consumimos información e incluso nos relacionamos.

Colombia está cambiando rápidamente, según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida (ECV) 2025 del Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Los hogares son más pequeños: pasamos de 3,10 personas por hogar en promedio en 2019 a 2,82 en 2025. Además, el 73,9% de los hogares ya tiene acceso a internet, el uso del celular alcanzó el 91,9% de la población y el 82,3% de las personas mayores de cinco años utiliza internet. La digitalización empezó a modificar la forma en que trabajamos, estudiamos, consumimos información e incluso nos relacionamos. Las zonas rurales registraron uno de los mayores crecimientos recientes en conectividad: pasaron de 41,9% de hogares conectados en 2024 a 56,9% en 2025. Sin embargo, detrás de estos avances aparece una realidad más compleja: Colombia se está digitalizando, pero no necesariamente se está integrando. Las diferencias territoriales siguen siendo enormes. Mientras algunos departamentos presentan altos niveles de conectividad y apropiación tecnológica, otros continúan profundamente rezagados. Vaupés apenas registra 18,6% de hogares con acceso a internet y Vichada 23,3%. No es casualidad que esos mismos territorios también enfrenten enormes limitaciones en acceso a educación superior, infraestructura, presencia institucional y oportunidades económicas. En Vichada, por ejemplo, apenas el 5,5% de los jóvenes entre 17 y 21 años accede a educación superior, una cifra muy distante de Bogotá, donde supera el 50%. Y ahí aparece uno de los puntos más importantes —y menos discutidos— de la transformación digital colombiana: la conectividad no es únicamente una política tecnológica. Es también una política económica, social, educativa, institucional, territorial e incluso cultural. Por eso preocupa que Colombia todavía no cuente con una política pública de conectividad digital que integre explícitamente la reducción de la brecha digital, establezca metas concretas de disminución de desigualdades territoriales y defina indicadores claros para medir avances reales en inclusión digital y desarrollo social. El país sabe cuántas conexiones instala. Pero todavía tiene dificultades para responder cuántas oportunidades nuevas genera esa conectividad. Y esa diferencia cambia completamente la discusión. Porque la transformación digital no ocurre automáticamente cuando llega internet. Ocurre cuando la tecnología logra integrarse de manera efectiva en las dinámicas sociales, económicas, educativas, empresariales e institucionales de los territorios. Incluso los modelos educativos y económicos empiezan a reorganizarse alrededor de la conectividad. La expansión de modalidades virtuales e híbridas, el trabajo remoto, el comercio digital y los servicios basados en plataformas muestran que los territorios con mejor infraestructura y capacidades digitales logran integrarse más rápidamente a las nuevas dinámicas de la economía del conocimiento. El desafío es aún mayor en un contexto donde la inteligencia artificial y la economía digital avanzan aceleradamente. No es coincidencia que Bogotá, Antioquia o Valle del Cauca lideren simultáneamente indicadores de innovación, emprendimiento y transformación digital, mientras otros territorios enfrentan mayores dificultades para integrarse a estas dinámicas. La brecha digital ya no es solamente una brecha de acceso. Empieza a convertirse en una brecha de capacidades. Y quizás ahí está una de las discusiones más importantes para Colombia en los próximos años, especialmente en medio del debate sobre el futuro económico y social del país. Porque no se trata únicamente de conectar territorios. Se trata de evitar que la transformación digital termine ampliando las mismas desigualdades históricas que Colombia aún no logra resolver.