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Opinión

La competitividad desmedida

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
9 de noviembre de 2024

La competitividad desmedida frustra logros, valorando solo los primeros puestos. Es hora de cuestionar esta escala numérica y fomentar la cooperación, el aprendizaje y el disfrute genuino.

Por Olga Lucia Bustamante Madrid La competitividad desmedida ha negado el reconocimiento de logros y habilidades a infinidad de personas que se destacan y ocupan otros peldaños en una escala numérica utilitarista que hemos inventado. Después de los tres primeros puestos y por diferencias de milímetros, de segundos, de gramos, etc., después de horas, meses y años de estudios y prácticas, nuestros sueños se van por la borda, dejando gastos inmensos en tiempo, pérdida en inversión de dinero y mucha frustración. Compiten los sabores, los diseños, los estilos, los aromas, las formas, los conocimientos… ¿Quién tiene la última palabra en gustos? ¿En sazón? Sucede que quien conoce mucho de algo, desconoce mucho de otras cosas. El buen lector sabe de autores, literatura, historia, cultura general, probablemente no es buen matemático, biólogo o cocinero.  El científico puede desconocer de arte y de música. El actor no tiene que ser un buen jardinero ni calculista. El abogado no digiere los términos médicos. Qué tal una mezcla de personas cooperativas, que estimulen los ánimos, donde se comparten temas interesantes variados, sin mejores ni peores. Qué tal la escolaridad basada en cooperación. La religiosidad diversa donde confluyan los valores del amor, el perdón, la solidaridad, etc. La calidad no se mide por el empaque lujoso y brillante. La mejor cocina no es la más costosa. El mejor servicio no se mide por la publicidad opulenta y mentirosa. Existe una competitividad amañada ligada a favores, alcurnias, parentescos y amistades. El mejor estudiante no es el que sale del colegio elite, el profesional destacado y genial no pagó la matricula más costosa. La que ganó el título de reina no siempre fue la mejor… fue decisión de un jurado que muchas veces no actuó con independencia. Competir en desigualdad de condiciones es desalentador y en ocasiones innecesario. Tiramos por la borda poder sentir y disfrutar lo importante: aprender, compartir, complacerse, destacarse sin reprimir a otros, impulsar el esfuerzo. Esto sucedió con las marcas de café colombiano, que por mucho tiempo estuvieron monopolizadas, hasta que se liberaron y comenzaros los pequeños cafeteros a producir sus propias marcas, y hoy existen muchas variedades deliciosas, con aromas y sabores originales. Una sociedad justa en un sueño que jamás debemos olvidar los caminantes de la vida, esa debe ser nuestra ruta, así que mucho ánimo. Aunque encontremos piedras en el camino.