
La CIDH y un sospechoso silencio

La libertad de prensa, pilar democrático, sufre ataques. El presidente colombiano, criticado por la CIDH, estigmatiza a periodistas críticos, desatando preocupación por la libertad de expresión.
Por Ismael Guerra de la Ossa La libertad de prensa debe ser sagrada en una democracia. Violentar sus principios es atentar contra lo más preciado con que se cuenta en este sistema de gobierno. Por eso hay que cuidarla y defenderla a cómo dé lugar pues se trata de uno de sus pilares fundamentales. Ha sido una constante durante el actual mandato presidencial atacar a los medios de comunicación y, por supuesto, a los periodistas que no se arrodillan ni se convierten en áulicos del régimen. En aras de descalificar a la prensa libre e independiente, desde la cúpula del Ejecutivo se ha emprendido una feroz campaña de estigmatización con el fin de desprestigiar a periodistas y medios que no son afectos ni se inclinan reverentes ante el poder. Por el contrario, su comportamiento es firme e inclaudicable. Claro, esto no es de buen recibo por parte de Petro y de ahí su reacción airada contra ellos porque actúan con independencia crítica. La persecución y la ofensiva ha sido de tal magnitud que hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a través de su Relatoría para la Libertad de Prensa, le ha puesto el ojo al asunto expresando su preocupación tras los señalamientos de Petro. Como se recuerda, en días pasados el presidente de la República descalificó el trabajo periodístico de una de sus más fervorosas aliadas durante su campaña, la connotada periodista María Jimena Duzán, a quien Petro ahora descalificó tildando su actividad en los medios como “periodismo Mossad”, que en Palestina equivale al rótulo de “periodismo asesino”. Todo porque María Jimena ahora ya no lo adula. Y como estas aseveraciones se consideraron impropias de un presidente, entró en escena la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), la cual le exigió mesura a Petro. Y volviendo a la CIDH, este organismo internacional, defensor de los derechos humanos, le recordó a Petro que el Estado, que él representa, debe asegurar “un ambiente favorable en la deliberación pública”, lo que, claro, incluye “prevenir desde su discurso todo tipo de violencia contra la prensa”. Asimismo, la CIDH invitó al mandatario colombiano a “abstenerse de activar riesgos contra quienes ejercen la libertad de expresión y protegerles ante amenazas”. Curiosamente, Petro, que tanto cita y comenta las decisiones de la CIDH, ahora guarda un entendible y sospechoso silencio.